Basilio de Cesarea, exhortación a los jóvenes

Esta obra tiene un contenido pedagógico para las jóvenes generaciones

 

Basilio fue un pensador y Obispo de Cesarea en el siglo IV d. C. Tiene importantes reconocimientos en la Iglesias ortodoxa, católica y luterana. Es también conocido como Basilio el Magno. Sus obras suelen tener una temática generalmente religiosa. Es un autor que supone una síntesis de Oriente y Occidente y de la cultura clásica y el cristianismo. 

Una de sus obras se titula A los jóvenes. Cómo sacar provecho de la literatura griega . Fue escrita en el 370 d. C. Su título en latín es Oratio ad adolescentes. La intención del autor es explicar algunas ideas de literatura griega -que él consideraba pagana-en aquello que conduzca a la virtud. En sus primeras líneas, Basilio explica su intención una vez había alcanzado cierta edad, de poder con esta obra aconsejar a las nuevas generaciones. Tiene un obvio objetivo pedagógico. Este ensayo destaca por el dominio de las fuentes de la cultura clásica.

En A los jóvenes, Basilio de Cesarea afirma que “no aplaudiremos a los poetas si representan a personajes que insultan o se burlan, o son amantes carnales o están borrachos, o cuando restrinjan la felicidad a un mesa repleta o a cantos disolutos” (A los jóvenes, IV, 4).

Que los artistas muestren lo que es la vida, con su variedad, es algo normal, pero si se está educando a jóvenes para el futuro ¿cabe algún límite a la creación artística? ¿Se puede ser paternalista en cuestiones artísticas? Habitualmente se afirman ciertos límites para los menores de edad y es la responsabilidad de artista que su obra pueda ser  realmente educativa. De los temas mencionados por Basilio, la que debería ser el acicate artístico, debería ser que la felicidad no se limite a una mesa repleta. Salir de la felicidad del consumismo y hacer pensar por sí mismo.

En otro momento, Basilio afirma “en cuanto a los oradores, su habilidad para engañar no la imitaremos. Pues ni en juicios ni en otras actividades no nos conviene la mentira: que hemos elegido el camino recto y verdadero de la vida y no promover juicios está prescrito por ley.” (A los jóvenes, IV, 7).

Esta es una adhesión moral a favor del deber de decir la verdad y contra el engaño. Su vinculación con los oradores está conectado con el enfoque de los sofistas, sabios profesionales que educaban a los ciudadanos para vencer en los debates públicos. Cabe dos comentarios sobre este tema. Uno es el componente cultural del valor de decir la verdad: ya que no es lo mismo mentir en la cultura anglosajona que es considerado una grave ofensa que, en la cultura latina, que es algo bastante más relativizado. La segunda cuestión es el vínculo, desde la Grecia clásica, de la política y los trucos o engaños como muestran el caso de los demagogos, que han renacido en la forma de variados populismos.

Más adelante, en otro pasaje, se puede leer, “no, no hay cosa de la que más deba huir alguien sensato que de vivir pendiente del qué dirán y de tener en cuenta el parecer de la mayoría, y no hacer de la recta razón la guía de la vida: en consecuencia, aunque haya que contradecir a toda la humanidad, tener mala fama y correr peligros en favor del bien, no elegirá remover nada de lo que se juzgue correcto” (A los jóvenes, IX, 27)

Entre los jóvenes es especialmente importante el qué dirán y la opinión de los demás. Hay quién guía su vida basándose en apariencias y ostentar signos externos, pero con poca vivencia interior. Este consejo de Basilio se ha de entender en su conjunto: uno ha de llegar a conocer qué es lo correcto y entonces actuar en consecuencia. Y es en este segundo paso, donde no debe importar la opinión de los demás. Para saber orientarse y encontrar qué es lo bueno cabe consultar a los demás, especialmente a los más cercanos.

Llegar a saber qué es lo correcto es un proceso interior, en el que ayudan especialmente los ejemplos de otras personas.

En A los jóvenes, Basilio afirma “es que, hacer públicamente espléndidos elogios de la virtud y extenderse en largos discursos sobre ella, pero en privado valorar el placer antes que la templanza y el poseer antes que la justicia, eso yo al menos diría que es similar a lo que hacen los que interpretan obras en la escena: muchas veces se meten en el papel de reyes y príncipes, sin ser ni reyes ni príncipes, y acaso sin ser totalmente libres” (A los jóvenes, VI,4).

La hipocresía es esa capacidad de decir un cosa y actuar al contrario. A algunos políticos se les critica por incoherencias entre sus declaraciones públicas y sus acciones privadas. Basilio es incisivo en la crítica ya que se refiere a los exigentes moralistas que no practican sus palabras en acciones. Sin embargo, Elster ha defendido el poder civilizatorio de la hipocresía ya que las interacciones sociales requieren que cierto cemento que puede consistir en ocultar ciertas impresiones.

Más adelante, en este ensayo se afirma, “desde el momento en que el excesivo cuidado del cuerpo es perjudicial para el propio cuerpo y un obstáculo para el alma, cae rendido ante él y ser su esclavo es una locura evidente. En cambio, si nuestra preocupación consistiera en mirarlo con desdén, difícilmente nos entusiasmaría ninguna otra cosa humana” (los jóvenes, IX, 17).

Para los jóvenes el culto al cuerpo se ha convertido en más que una moda y especialmente para los/las que no se incluyen en los modelos estándar supone una especie de estigma. Lo que Basilio propone es considerar el cuerpo desde la moderación, tampoco ignorarlo, o desdeñarlo. Darle su papel, pero no caer en el exceso de atención.

En la parte final, se puede leer que “sería vergonzoso dejar escapar el momento presente y más tarde, antes o después, llamar entre gritos y lamentos al pasado, cuando ya de nada sirva afligirnos” (A los jóvenes, X, 7).

El mayor tesoro de los jóvenes es que tienen la vida por delante y pueden aprender del pasado. Tienen un presente donde prepararse y un futuro por explorar. Algunos consideran que la Humanidad vive un progreso moral. Quizá es una idea discutible, pero es cierto que los jóvenes pueden comprender adecuadamente el legado de generaciones inmediatamente anteriores y trazar una senda donde no repetir errores. Aunque siempre los jóvenes pueden equivocarse y entonces habrá que volver a leer a Basilio de Cesarea.

 

Porfirio, en defensa de los animales

Porfirio defendía que los animales eran seres racionales

Porfirio vivió entre los años 232-304 d. C. Es un filósofo neoplatónico y tiene una importante influencia de Plotino que fue su maestro. Entre sus obras destacan las Isagoge, que son unos comentarios a la obra Categorías de Aristóteles. Este comentario fue un libro influyente en la Edad Media y supone un vínculo entre los enfoques de Platón y Aristóteles. También escribió las biografías de su maestro Plotino y de Pitágoras.

Porfirio es un antecedente en la defensa de los derechos de los animales. En concreto, desarrolla un original argumento a favor de la alimentación vegetariana, basándose en las visiones de Empédocles y de los pitagóricos. En su obra Sobre la abstinencia, desarrolla una serie de argumentos a favor de los animales, desde el trasfondo de la cultura clásica. Algunas de sus argumentaciones llevan mal el paso del tiempo, pero otras, en cambio, son de enorme actualidad, dada la revitalización de la sensibilidad hacia los animales y sobre qué status moral y jurídico deberían tener.

Se puede leer en el tratado Sobre la abstinencia, “la alimentación a base de seres animados no contribuye a la templanza, a la frugalidad, ni a la piedad, que especialmente colaboran a la consecución de una vida contemplativa sino más bien todo lo contrario” (Sobre la abstinencia, III, 1). Y, también, “…la abstinencia de los seres animados (…), no está recomendada sin más a todo el mundo, sino a los filósofos y, entre estos, especialmente a los que cifraron su felicidad en la divinidad y en su imitación” (Sobre la abstinencia, II,3).

Se dan los principios implícitos en estas afirmaciones: a) El tipo de alimentación tiene consecuencias en rasgos del carácter o en cómo llevar a cabo una vida contemplativa; b) Quien busca la excelencia en la vida contemplativa –filósofos, próximos a la divinidad,…- debe abstenerse de la alimentación basada en seres animados.

Sobre el primer punto, es un tema interesante analizar cómo diferentes religiones tienen algunas normas particulares sobre alimentación –algunas reglas durante el Ramadán musulmán o la Cuaresma cristiana podrían ser un ejemplo-. Aunque la idea de que “somos lo que comemos” se ha convertido en algo tópico bajo la forma de innumerables dietas que prometen resultados en cuerpos y almas.

Sobre el segundo punto, podría ser una consecuencia de la visión neoplatónica y la especial relación entre la Teoría de las Ideas y el mundo sensible. Los filósofos que tienen una especial vinculación con el Mundo de las Ideas, deberían limitar su alimentación de alguna forma. En el mundo de la espiritualidad eso se ha ido desarrollado como manifestación de ciertas formas de ascetismo.

En otro pasaje, Porfirio afirma “… no solo se contempla totalmente la razón en todos los animales, sino que en muchos de ellos se da con una base sólida para aspirar a la perfección” (Sobre la abstinencia, III, 2, 4). Y, también, “algunos animales también quizá no hablan por falta de instrucción o bien por verse impedidos por sus órganos de fonación” (Sobre la abstinencia, III, 4, 6).

Aquí cabe hacer una precisión desde el enfoque de Kant. Este autor ilustrado tiene una visión que considera que lo característico de los seres humanos es la racionalidad y la capacidad de ejercer su autonomía. Esta cualidad significa que los individuos de la especie humana puede tomar decisiones por sí mismos y son conscientes de esta capacidad de elección. De esta forma, lo característicamente humano es la libertad y su ejercicio. Este enfoque kantiano niega que resto de animales sean libres, racionales o autónomos.

El enfoque aristotélico, en cambio, considera que la característica relevante es la capacidad de sufrimiento. En ese sentido, existiría un vínculo más estrecho entre todos los animales y la diferencia entre ellos sería de grado. Quizá podríamos plantearnos, si los animales, utilizan símbolos, si tienen cultura, si tienen ciencia, si tienen filosofía, si tienen espiritualidad o bien, viven según su instinto conforme a la naturaleza.

Más adelante, Porfirio sostiene: “¿quién ignora que, en su estado gregario, observan mutuamente un sentido de la justicia? Entre las hormigas, las abejas y sus semejantes, cada uno de sus miembros lo respetan. ¿Quién no ha oído hablar de la fidelidad, para con su pareja, de las palomas torcaces, que, si son víctimas de un adulterio, matan al adúltero, si los sorprenden, o de la justicia de las cigüeñas para con sus padres?” (Sobre la abstinencia, III, 11).

Cabe entonces plantearse si los animales tienen propiamente justicia o valores morales o es una forma metafórica de hablar. La visión tradicional considera que si no pueden ejercer la libertad o tomar decisiones autónomamente, no están en el ámbito de la moralidad. Recientes estudios como los del primatólogo Frans de Waal, en su obra El mono que llevamos dentro, ha mostrado como aquellas características que comúnmente asociamos con la humanidad y los valores morales como la empatía –ponerse en el lugar del otro- están presentes en las especies de primates que observa. Una vez más el debate podría establecerse en explicaciones en términos genéticos/biológicos o en términos culturales/morales, que es un debate de fondo en la actualidad para comprender a los humanos en las Ciencias Sociales.

Al final del tratado, Porfirio añade la siguiente reflexión:“… parecen desconocer la índole propia de la justicia quienes pensaron derivarla del parentesco con los hombres, esa sería, en efecto, una especie de filantropía, mientras que la justicia consiste en la abstención y salvaguarda de daño de cualquier ser inocente. Y de este modo se entiende lo justo, no de otra manera. De modo que la justicia, que se fundamenta en la ausencia de daño, debe hacerse extensiva también a los animales” (Sobre la abstinencia, III, 26, 9-10).

Este es un antecedente de las reivindicaciones a favor de los animales en términos de justicia. En términos más actuales, cuando se habla de daño se alude al principio que explicó Stuart Mill en su ensayo Sobre la libertad donde afirma que está justificado que el Estado intervenga cuando se produce daño a terceros. La novedad que añade Porfirio en su ensayo es que su visión de justicia implica que la noción de terceros también incluye a los animales.

La sensibilidad sobre los diversos temas que tienen que ver con los animales se ha fortalecido en los últimos tiempos. Es claro que tenemos deberes hacia el resto de los animales, pero no es justificable decir que éstos sean agentes morales, titulares de derechos o sean ciudadanos. Aunque sobre esto se debate actualmente en Filosofía moral, como ya hacía Porfirio en el siglo III.

 

Plotino, encontrar la felicidad

El Ideal platónico unía belleza y bondad. Lo cual parece discutible

 

Plotino fue un filósofo que nació en Egipto en el siglo III d. C., fue educado en la cultura griega y vivió bajo el Imperio romano. Su tiempo se ve como la crisis de una época -el mundo clásico- y el surgimiento de una nueva, la Edad Media. Su visión es la más representativa del neoplatonismo y anticipa temas y enfoques que tendrán su relevancia en la Filosofía medieval.

Su obra más importante se titula Enéadas y ocupa 1500 páginas escritas, entre 253-269 d. C., en griego antiguo y que se conservan en su integridad. Tiene un estilo denso, donde demuestra ilusión por las fuentes, la gran mayoría autores clásicos, en especial los Diálogos de Platón. Sin embargo, algunas fuentes destacan el orientalismo de algunas de sus ideas más originales. Es de destacar que su visión parte de una religión monoteísta helenística, antes de que el cristianismo fuera religión oficial del Imperio. Se le ha definido como idealista y místico. Sobre esta última característica, Brehier destaca que “es una relación inmediata sin el intermediario de un salvador o de una comunidad física; es en absoluta soledad con él, por la potencia de su propia meditación, que el filósofo entra en contacto con lo Uno” Emile Brehier, La filosofía del Plotino.

El tratado titulado “sobre la felicidad”, se inicia por Plotino con estas palabras: “si identificamos el ser feliz con el buen vivir, ¿haremos con ello partícipes de ambas cosas aun a los demás animales?” (Enéadas, I, 4,1).

La primera intención del autor es criticar los lugares comunes de su época sobre felicidad entendida como la “buena vida” en el sentido de sentirse a gusto o cumplimento de función propia,  o consecución del fin natural, o vida de placer, o  alcanzar la imperturbabilidad o vivir conforme a la naturaleza. Tiene unas líneas interesantes sobre que alguna de estas perspectivas del buen vivir no nos separan de los otros animales e, incluso, las plantas. Así es si se concibe que un cuerpo debe cumplir una función o fin natural.

En este punto, Plotino aboga por la felicidad entendida como la “vida racional” ya que la vida perfecta, la vida real y verdadera, está en la naturaleza intelectiva. Ésta la tienen los seres vivos en diferentes grados.

De esta forma, afirma: “el hombre posee una vida perfecta puesto que posee no sólo la vida sensitiva, sino también el raciocinio y la inteligencia verdadera, es manifiesto aun por otras consideraciones. Pero ¿la posee como cosa distinta de él? No, ni siquiera es hombre en absoluto si no posee esta vida en potencia o en acto; y del que la posea en acto, decimos que es feliz” (Enéadas, I, 4, 4).

La vida perfecta está en potencia en todos los seres humanos y la vida perfecta está en acto en los seres humanos que son considerados felices. La visión de la felicidad plotiniana refleja una relación entre alma y cuerpo, propia de la influencia platónica. El alma –vinculada a la racionalidad- es superior al cuerpo –dominado por la animalidad- y permite vincular al individuo con el Uno. Este vínculo, en terminología de Plotino, se relaciona con la Inteligencia.

Continua argumentando Plotino que la vida feliz no se ve afectada por calamidades, desastres o dolores, ni por la pérdida o falta de consciencia, ni por ninguna cosa externa. De otra forma, nadie podría ser feliz en presencia de cosas contrarias. Es independiente de los placeres del cuerpo, de los vaivenes de la fortuna, de las afecciones y de los dones externos.

Como síntesis de su enfoque, sostiene que “porque con toda razón estima Platón que, quien aspire a ser sabio y feliz, ha de tomar el bien de allá arriba, ha de poner su mirada en él, ha de asemejarse a él y ha de vivir en conformidad con él” (Enéadas I, 4, 16).

Fiel al neoplatonismo, su noción de felicidad tiene como trasfondo la Teoría de las Ideas de Platón, donde Bien, Justicia y Belleza están intrínsecamente vinculadas en una dimensión  y se relacionan con el mundo sensible de forma explicada en el Mito de la Caverna. Así, los seres humanos solo pueden ver sombras de las verdaderas ideas y es mediante la inteligencia y el entendimiento como pueden llegar a ellas. Aquí es donde puede enmarcarse el enfoque de la felicidad según Plotino.

En el tratado sobre la belleza, este autor afirma que “la investigación de lo bello debe ir paralela a la de lo bueno; y la de lo feo, a la de lo malo. Y así, lo primero de todo hay que colocar a la Beldad, que es lo mismo que el Bien. De éste procede inmediatamente la Inteligencia en calidad de lo bello” (Enéadas, I, 6, 6).

Otra manifestación de la influencia platónica en Plotino se encuentra en su conexión entre belleza y bondad. Este aspecto puede ser bastante discutible. El Mito de la Caverna platónico se ha sustituido por el Mito de la Televisión. Las sombras que reflejaban las Ideas a los hombres ahora son las imágenes televisivas, que llegan a cada hogar. Y la conclusión es que la mentalidad actual delibera y forma opinión, mediante los medios de comunicación y cada medio tiene su lenguaje y mecanismos, que no siempre se conocen. Si los políticos parecen galanes de cine, no es porque Plotino lleve razón en que belleza y bondad están unidas indefectiblemente. Es,  más bien, porque el lenguaje televisivo impone sus reglas y apela a las emociones del espectador. Pero se podría ver influencia platónica si detrás del juicio estético –favorable- se implica necesariamente un juicio ético –favorable-. Pero se trata de cosas distintas.

Sobre juicios éticos, es interesante porque Plotino explica cuáles han de ser las virtudes cívicas – en su visión, son las que controla las pasiones y los apetitos-: la sabiduría, en la parte racional, la valentía en la irascible, la morigeración –o templanza-, consistente en una cierta concordia y armonía de la parte apetitiva con la racional, y la justicia, consistente en el común “desempeño de la función propia” de cada una de estas partes “respecto a mandar y ser mandado” (Enéadas, I, 2,1).

La descripción de estas cuatro virtudes cardinales se inspira en la República de Platón (428a-434c y 441c-445e). ¿Y si juzgáramos a los políticos por si desarrollan disposiciones y actitudes que les lleven a practicar la sabiduría, la valentía, la templanza y la justicia?

Epícteto, define la persona que quieres ser

Epícteto recuerda que el carácter importa más que la reputación
Epícteto recuerda que el carácter importa más que la reputación

 

Epícteto fue un filósofo estoico que vivió entre 50 d.C. y 125 d.C. En Roma fue esclavo durante años aunque escuchó lecciones de un filósofo estoico. Una vez emancipado, se dedicó a la filosofía, en especial a la moral. A partir de sus enseñanzas , su discípulo Flavio Arriano elaboró las Disertaciones, conjunto de lecciones, y el Enquiridión, traducido como Manual o Manual de vida.

Se recogerán algunas máximas del Manual de vida de Epícteto según versión de Sharon Lebell, que en sí mismo es un libro bellísimo y muy recomendable, y se comentarán según la perspectiva de Estrategia Minerva Blog.

Ocúpate de tu propios asuntos

El filosofo estoico tenía como una de sus ideas centrales el alcance de la eudaimonia, que se podría traducir por felicidad o bienestar. Existen personas que sienten “tristeza o pesar del bien ajeno”, son envidiosas. Lejos de ser una virtud, esto les comporta toda suerte de sufrimientos y, en última instancia, la imposibilidad de ser felices. Por eso, es tan estoico, lo que ocuparse de los propios asuntos, que debe combinarse adecuadamente con un profundo sentido de la amistad.

Los acontecimientos no nos hacen daño, pero nuestra visión de los mismos nos lo pueden hacer

Cuando a Serrat le diagnosticaron una grave enfermedad, dijo algo parecido:” lo importante no es lo que nos pasa, sino cómo lo afrontamos”. Es una frase que comporta una sabia verdad. Los mismos hechos pueden interpretarse de forma distinta, dependiendo del enfoque vital de cada uno. En este sentido, es relevante extraer una visión positiva de lo que nos ocurre, evitar la tendencia al derrotismo. Ser libre también significa saber hacer frente a las circunstancias que nos ha tocado vivir con la mejor disposición, con el mejor enfoque a nuestro alcance.

Crea tu propio mérito

 El mejor consejo profesional es buscar convertirse en un especialista, en un experto. Pero quizá ir más allá, asociar tu marca personal a determinadas cualidades o virtudes profesionales. Se trataría de ofrecer especialización de calidad, que proviene de una formación continua y una experiencia relevante.

La felicidad sólo puede hallarse en el interior

 Esto puede parecer un tópico, pero es un elemento central de la filosofía estoica. Las riquezas y cosas materiales son posesiones, pueden quizá alimentar la pasiones, pero la verdadera felicidad es un estado interior de bienestar. Una de las diferencias más relevantes entre las personas, no es por su dinero, sino más bien por su cultura. Esta permite la emancipación, conocer los significados y los símbolos y darse cuenta de la propia ignorancia. Cuanto más se sabe, más se da cuenta uno de lo que ignora. La cultura es el caleidoscopio que nos permite descifrar el universo, de alfa a omega

Querer agradar a los demás es una trampa peligrosa

 Hay quienes para mantener una buena relación personal realizan muchas concesiones. Suelen valorar más mantener la relación con esa persona que acceder a sus peticiones. Es una cierta forma de explotación por los demás. Otras personas condicionan una vida a la opinión de los demás. Actúan pendientes de qué dirán, posponiendo sus planes y sus verdaderos criterios. Tienen un vida de fachada. La cuestión es si llegan al bienestar interior que es la felicidad.

El carácter importa más que la reputación

 Los hábitos y disposiciones morales, repetidos día a día, conforman la virtudes, que con el paso el tiempo forjan un carácter. Una de las más poderosa herramientas a nuestro alcance es la voluntad y hay que saber ejercitarla. Los buenos hábitos pueden servir para marcar el camino a seguir y la fuerza de voluntad es puesta a prueba cuando ésta se debilita. La confianza en uno mismo debería surgir en saber afirmar las propias virtudes, como producto de un ejercicio continuado de fuerza de voluntad. Este sustrato del carácter es especialmente valioso en situaciones de crisis. Es el bagaje personal, el aprendizaje sobre tus propias fortalezas y limitaciones.

Define claramente la persona que quieres ser

 Nadie nos pide que hagamos un plan de vida, al menos con estos palabras. Sin embargo, es relevante definir unos objetivos vitales. Concebir una serie de metas y un conjunto de cualidades donde queremos ser asociados. Se trataría de explicitar y perseguir determinados valores, que funcionen como horizonte vital. El camino no siempre será fácil y parte de noción de libertad consiste en saber luchar contra la circunstancias adversas.

Observa prudencia y moderación

Frente a los ímpetus juveniles y la tendencia al exceso o a la improvisación, cabe reivindicar ser prudente en la toma de decisiones. Esto significa conseguir la mayor información relevante sobre un tema (cómo es la oferta de la competencia, cuál es la mejor alternativa, cual es el pasado de la otra parte…).

La invitación a la moderación sigue la ley del término medio del Aristóteles: existe virtud entre dos vicios, uno por exceso, otro por defecto. Con los años, se aprende a valorar la moderación.

Empieza a vivir tus ideales

El día a día es el campo de pruebas para vivir bien, el objetivo de la ética. La felicidad puede ser el objetivo, pero quizá el camino lleve a cultivar virtudes, forjar un carácter, definir un plan de vida…ser persona.

Cicerón, alabanza de la dignidad

Para Cicerón, hay que actuar con dignidad y esto merece alabanza. Aunque haya otro tipo de hombre que se mueva por el propio beneficio.
Para Cicerón, hay que actuar con dignidad y esto merece alabanza. Aunque haya otro tipo de hombre que se mueva por el propio beneficio.

 

Marco Tulio Cicerón (106 a. C. – 43 a. C.) fue un orador, político y filósofo de la Roma clásica. Se inició en el mundo del Derecho y de los jurisconsultos, llegando a ocupar puestos de relevancia política. Destacan su dotes para la oratoria que son muy alabadas.

De su obra, se puede considerar que tiene influencias estoicas con dosis de escepticismo. Escribió las famosas Filípicas, para criticar la política de Marco Antonio. A continuación comentaremos algunos fragmentos de Cicerón desde la perspectiva de Estrategia Minerva.

Prudencia

“La prudencia es la ciencia de las cosas buenas y de las malas y de las que no son ni una cosa ni otra. Sus partes: memoria, inteligencia, previsión” (Cicerón, De la invención de la retórica).

La prudencia es una virtud humana central para la ética. Algunos consideran que tiene un papel clave en la inteligencia práctica, frente a otras virtudes más intelectuales o teóricas. Prudencia es sinónima de templanza, cautela, moderación, sensatez, buen juicio.

La prudencia es también un elemento clave para todo buen estratega. El éxito de un determinado plan depende de la correcta adecuación entre medios y fines y de haber tomado medidas para prevenir situaciones adversas. La prudencia lleva a intentar disponer de información sobre la otra parte y de su comportamiento en situaciones precedentes. La prudencia conlleva realizar previsiones sobre los diversos cursos de acción posibles y tener prevista una respuesta adecuada en cada caso.

La prudencia supone ser diligente defendiendo las propias visiones y no asumir nunca riesgos innecesarios, que podrían, al final, perjudicarte.

Justicia

“La justicia es el hábito de ánimo que, conservada la común utilidad, atribuye a cada quien su propia dignidad” (Cicerón, De la invención de la retórica).

El art. 1 Constitución alemana establece: “la dignidad humana es intangible. Los poderes públicos tienen el deber de respetarla y protegerla”. La Real Academia española define intangible como lo “no puede y no debe tocarse”. La dignidad humana es un valor básico del sistema jurídico y los sistemas éticos. Afirmar que los seres humanos son igualmente dignos es una de las conquistas de la contemporaneidad.

Al hablar de dignidad humana, es necesario hacer referencia a las polémicas entre deontologismo frente a utilitarismo. En concreto, a las situaciones propias del utilitarista donde se sacrifica a uno por la mayoría. El deontologismo siempre defiende el principio de inviolabilidad, conectado con el de dignidad humana. Mientras el utilitarismo justifica sacrificar a uno por el bienestar general de la mayoría.

Fortaleza

“La fortaleza se ha considerado la aceptación de los peligros y el padecimiento de los trabajos. Sus partes: magnificencia, confianza, paciencia, perseverancia” (Cicerón, De la invención de la retórica).

Esta virtud es relevante para el éxito de un plan de acción. Los objetivos se alcanzan porque hay trabajo detrás. Se debe perseverar en las metas propuestas de una forma característica con rigor. Debemos ser una persona fiable y que trasmita confianza. La Ley del Mínimo Esfuerzo, universalmente conocida, puede funcionar a corto plazo, pero a medio y largo plazo no es la mejor compañía. El esfuerzo, en algún momento, tendrá su recompensa.

Dignidad

“Hay dos géneros de hombres: el primero, indocto y agreste, que prefiere siempre la utilidad a la honestidad; el segundo, humano y pulido, que antepone a todas las cosas la dignidad. Y así, a este género se propone alabanza, honor, gloria, fe, justicia, y toda virtud; y aquel primero, el provecho y fruto de la ganancia” (Cicerón, De la partición de la oratoria).

Aquí tenemos otro sentido para la dignidad, es de honradez. Efectivamente hay dos tipos de hombres: quienes buscan su utilidad y su provecho y otros que tienen comportamientos dignos y honestos. Desgraciadamente, esta clasificación está de actualidad con el comportamiento de algunos políticos.

Cabe reivindicar, como hace Cicerón, la alabanza de los comportamientos dignos. En ocasiones, parece que determinados valores sociales justifican visiones cortoplacistas y del beneficio rápido o, simplemente, consideran que la ética no se aplica en determinadas esferas de la vida. Frente a eso, hay que poner de moda la cultura del esfuerzo y las virtudes del trabajo bien hecho.

En esto son relevantes los Códigos deontológicos y de Buenas Prácticas, que también afectan a la política. En la época clásica, una de las peores penas que se podían infligir era por delitos de corrupción, ya que se consideran que la dedicación pública era el mayor honor para un ciudadano.

Los comportamientos dignos provienen de la honestidad en los valores y las acciones y de un sentido genuino de servicio público. Aunque como sostiene Cicerón hay dos clases de hombres, no siempre se sabe con quien vas tratar, pero sí sabemos cómo valorarlos.

Cínicos, el escándalo como técnica

Los cínicos vivían conforme a sus ideas y reivindicaban su identidad canina.
Los cínicos vivían conforme a sus ideas y reivindicaban su identidad canina.

 

El diccionario de la Real Academia define cinismo como “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables” en una primera acepción. El segundo significado se refiere a “impudencia, obscenidad descarada”. En la época helenística hubo una escuela llamada de los cínicos, a la que pertenecieron Antístenes y Diógenes de Sínope.

Los cínicos tenían cierta inspiración socrática, algunos los describen con la imagen de un Sócrates furioso. A continuación se explicarán algunas de sus características con ayuda de la obra María Daraki, El mundo helenístico: cínicos, estoicos, epicúreos.

Frente a lo que pudiera parecer los cínicos consideraban que su enfoque era “el camino más corto hacia la virtud”. Plutarco consideraba que los cínicos buscaban “asilvestrar la vida”. Así lo que resaltaba es la voluntad de transgresión y el espíritu “contestatario” de los cínicos. Su enfoque es práctico, experimental y contracultural.

La mayoría de estos filósofos cínicos eran extranjeros, por eso algunos hablan de la hora de los metecos. Construían una “filosofía para desarraigados”. Sus acciones y enseñanzas daban para multitud de anécdotas. Los cínicos no desaprovechaban ninguna oportunidad de reivindicar su identidad canina. Se consideraban “perros” y vivían como tales. La palabra “cínico” en griego quería decir también “perro”.

Uno de sus principios era que “se es como se come” y estaban a favor de comer las cosas crudas, sin ser cocinadas. Sus actividades consistían en hacer cosas mal vistas como comer en el ágora o la desnudez pública. Como ejemplo, Diógenes se masturbaba en público. También sobre los ritos funerarios, Diógenes pedía que “se dejara su cuerpo sin sepultura para que los perros pudieran coger un pedazo.”

El objetivo declarado de los cínicos es que “seamos entonces, realmente, como los animales y como las razas de la edad de oro.” Ellos predicaban la autodisciplina. También hacían apología del incesto y canibalismo entre otras prácticas. Su mensaje es radical que se podría resumir en el lema: “la libertad es lo que hace al hombre”. A pesar de su carácter escandaloso, a los cínicos se les contaba entre los sabios.

A continuación, comentaremos algunas afirmaciones sobre los cínicos desde las perspectiva de Estrategia Minerva Blog.

“Si el individuo debe ser autosuficiente en las definiciones que se quiere dar de él, lo mismo ocurre en la moral, en la cual Antístenes predica el desapego completo, la independencia total con respecto a las cosas, los hombres y la opinión” (Parain, Historia de la Filosofía)

El filósofo cínico es libre porque es independiente. Es conocida la anécdota de Diógenes con Alejandro Magno, cuando éste le dijo que le pidiera un deseo y Diógenes contestó que se apartara que no le dejaba ver el Sol. Después Alejandro dijo: “Si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes”.

Cabe aprender una lección de esta visión cínica. Si estos filósofos buscaban la trasgresión con la práctica de escándalo, cabe plantear una sombra de duda sobre la artificialidad de ciertos convencionalismos. Naturalmente el discurso y las acciones de los cínicos se sitúan en el extremo y como hacía el tábano de Sócrates nos ayudan a pensar.

Existen personas que viven sus vidas pendientes de qué dirán, de las opiniones de los demás. Quizá hubiera sido distintas sus vidas si los otros no se inmiscuyeran en sus acciones. A todos nos importa que los demás tengan un buen concepto de nosotros, pero caerle bien a todo el mundo es imposible. En ocasiones, se debe tener personalidad para llevar un determinado plan de vida adelante. En esto que es importante estar bien con uno mismo y sus valores y poder ser independiente de las opiniones de los demás.

Siempre es de agradecer un buen consejo y suelen darlos los buenos amigos. Pero estos no suelen ser los que vierten opiniones insidiosas. La lección de los cínicos es cultivar el espíritu para ser autosuficiente y depender lo mínimo de las cosas y las opiniones.

“El renunciamiento hace del sabio su propio dueño, nada le puede conmover porque el imperio que ejerce sobre sí mismo es total; la imaginación no posee ningún dominio sobre él, puede soportarlo todo y sabe vivir en sociedad consigo mismo” (Parain, Historia de la Filosofía).

Los cínicos, pese a lo excéntrico de su comportamiento, eran considerados sabios. La clave es que vivían de acuerdo con sus ideas y tenían un gran dominio sobre sí mismos.

Diógenes se dio a sí mismo un programa preciso: “me esfuerzo de hacer en la vida lo contrario de todo el mundo” (Parain, Historia de la Filosofía).

En un célebre ensayo titulado Apocalípticos e integrados, Umberto Eco distinguía entre dos tipos de intelectuales según su visión optimista o pesimista sobre la sociedad de masas. Los integrados defenderían el status quo y los apocalípticos se situarían a los márgenes y harían críticas radicales. Por tanto, se puede concluir que los cínicos era los apocalípticos de la época helenística. En efecto, buscaban una crítica a partir de la transgresión y hacían pensar con un comportamiento extravagante, pero coherente con sus ideas.

Estos filósofos cínicos de la época helenística ayudan a replantear y reafirmar los propios valores. Y bien poco tienen que ver con el significado actual de cinismo, más cercando al fingimiento, la doblez y la hipocresía. Quizá estas virtudes permitan la convivencia en sociedad, pero puede ser que nos encontremos, en alguna ocasión, con algún tábano con una pregunta socrática.

 

Estoicos, armonía con el cosmos

Los estoicos buscaban conectar els cosmos con el individuo.
Los estoicos buscaban conectar el cosmos con el individuo.

 

Con ciertas influencias en los cínicos y Sócrates, surge la escuela estoica en la etapa de la filosofía helenística. Su relevancia lleva a que importantes pensadores de la época de esplendor de Roma se consideren estoicos, como Séneca o Marco Aurelio. En sus estudios, los estoicos desarrollaron una lógica propia -distinta de la aristotélica- y tenían sus propias ideas sobre la física. La herencia estoica más fructífera se podría considerar está en campo de sus nociones éticas. A continuación se expondrán alguna de estas ideas, con comentarios desde la perspectiva de Estrategia Minerva Blog.

La ley del cosmos como logos

“La idea básica de la moral estoica estriba en tratar de hacernos tan ordenados, autónomos e uniformes como el universo mismo, del que formamos parte, en tratar de hacernos sabios, conociendo y aceptando en todos sus detalles la ley cósmica, que es nuestra propia ley.” (Mosterín, Helenismo)

La filosofía estoica parte de considerar que el universo esta ordenado, en forma de cosmos. Este orden cósmico tiene sus propias leyes, de lo que se deduce un logos. La máxima fundamental del estoicismo consiste en hacer coincidir en el individuo los elementos de este logos, de esta ley cósmica.

Una de la aplicaciones de esta visión estoica trata de situaciones donde se debe aceptar el destino. En determinadas ocasiones, las circunstancias no son favorables y de la interpretación de éstas puede surgir la respuesta más idónea o, en cambio, la invitación a un pozo sin fondo. El mensaje estoico busca concebir tus coordenadas personales dentro de un plan más amplio, dentro de un logos que se ha de desarrollar. Por ejemplo, cuando fallece un ser querido es una situación muy dolorosa donde podría ayudar situarnos en términos de la ley cósmica. Pensar en las grandes dimensiones de nuestra existencia. E intentar conciliar, con el tiempo, al individuo y al cosmos, como en armonía.

Frente a situaciones poco favorables, cabe dos posibilidades: hundirse –dejar que la circunstancias hagan por ti- o luchar –afrontar decididamente aquello que se nos opone-. La clave entre que diferencia ambas posiciones suele ser una cuestión de interpretación y de actitud. Interpretamos el mundo y actuamos en correspondencia. Dependiendo como interpretemos el cosmos, así será el logos que rija nuestra vida. En este contexto, cabe comprender que parte del ejercicio efectivo de la libertad consiste en hacer frente a las circunstancias adversas. El éxito, en este caso, no es tanto el resultado final, sino el hecho de actuar siempre de acuerdo el propio logos.

Actuar acorde con la naturaleza

“Los estoicos aceptan como primer impulso, el de autoconservación. Todo ser vivo tiende primeramente a la conservación de su propia realidad. En segundo término tiende a aceptar las cosas acorde la Naturaleza y rechazar las contrarias.” (García Gual, Filosofía helenística)

Una de las metas de la filosofía estoica es vivir de acuerdo con la naturaleza, evitando las pasiones, que apartan a los individuos de la virtud y la razón. Se produce una oposición entre razón y pasiones. Decían los estoicos: “el sabio es libre, pues tiene dominio de sí”. Haciendo un análisis introspectivo, podríamos plantearnos: ¿Qué tiene dominio realmente sobre nuestra voluntad? La respuesta podría ser muy variada, depende de varios factores. El consejo estoico es no dejarse llevar por la pasiones, cultivar la virtud y buscar la razón. Un concepto que manejan los estoicos es el de autosuficiencia, como vivir de acuerdo con la naturaleza.

Camino de la felicidad con buen ánimo y hacia la paz espiritual

«Si vivimos de acuerdo con el providente y necesario orden cósmico, nos haremos ordenados, autónomos y uniformes como el cosmos mismo, con lo cual obtendremos la apátehia (imperturbabilidad, impasibilidad, paz espiritual), la euthymia (buen ánimo, alegría serena) y eudaimonia (felicidad)” (Mosterín, Helenismo)

La metas de la ética para los estoicos unen la felicidad con la imperturbabilidad, con la alegría serena. Esta visión busca alejarse de las pasiones y tiene cautela por las emociones. Los estoicos no quieren implicarse emocionalmente ya que esto perturbaría su paz espiritual, su noción de felicidad. Como afirma García Gual “el estoico esta dispuesto ayudar al prójimo, pero a no sufrir por él.”

Ciudadanos del mundo

“El sabio estoico debe promover una cosmópolis que sea como fiel reflejo social del orden perfecto y natural de reina en el cosmos. El estoico se siente ciudadano del mundo, cosmopolita.” (Mosterín, Helenismo)

El término cosmopolita proviene de la filosofía estoica. Fueron los primeros ciudadanos del mundo. Su visión partía de considerar que las lealtades locales tenían mucho peso y enfatizaban la importancia de que la lealtad moral más importante debía ser al conjunto de la Humanidad. A cualquier lugar que viajaban desarrollaban un sentido de pertenencia porque consideraban que les unían muchas cosas con quienes vivían allí y, a la vez, con el resto del mundo.

Una frase que reflejaban sus ideas al respecto es “nada de lo humano me es ajeno”. Aquí se refleja el fuerte igualitarismo estoico, inusual en esa época. No había diferencias entre hombres y mujeres, amos y esclavos. Otra interpretación de esta frase es una cierta sabia compresión hacia las debilidades humanas. Supone poder identificarse con el género humano y con sus diversas y variadas manifestaciones.

El mundo no emite pasaportes, ni tiene un identidad única, quizá el mensaje cosmopolita pueda mejor ser entendido como una virtud moral. La virtud cosmopolita implica que una identidad es más legítima dependiendo de los términos de inclusión de su alteridad. En segundo lugar, la virtud cosmopolita significar replantear los lazos de solidaridad humana. En tiempos de globalización, ser solidarios con los Otros, además de con los nuestros. Más allá de las fronteras, encontramos seres humanos como nosotros.

Epicuro, en busca de la serenidad

Para Epicuro, la felicidad consiste en la ausencia de dolor.
Para Epicuro, la felicidad consiste en la ausencia de dolor.

 

En la filosofía helenística se distinguen las escuelas de los epicúreos, los estoicos y los cínicos. Epicuro de Samos fue un filósofo griego del siglo IV a C que desarrolla una visión atomista de la naturaleza, pero son especialmente influyentes sus nociones éticas sobre el papel de los deseos para llegar al estado ideal de ataraxia. La Real Academia define este estado como “imperturbabilidad, serenidad”. Estas ideas originaron una escuela de pensamiento conocida como epicureísmo. Es relevante que las preocupaciones de la época helenística se trasladen a la ética o al saber vivir.

A continuación se comentarán algunas máximas de Epicuro desde la perspectiva Estrategia Minerva Blog.

El placer como ausencia de dolor

“El límite máximo de la intensidad del gozo es la supresión de todo dolor. En donde hay gozo no hay, durante el tiempo que esté, dolor ni sufrimiento ni ambas cosas a la vez.»

El placer, según Epicuro, consiste en la ausencia de dolor. Para llegar a esa conclusión parte de una elaborada teoría de los deseos y afirma que el camino hacia la felicidad es perseguir el placer, como ausencia de dolor. Es una apelación a la sobriedad, a la moderación frente a los excesos y desenfrenos. Es una invitación a intentar ser autosuficiente, una vez las necesidades básicas están cubiertas.

Evita aquello que te produzca dolor y sufrimiento y elige sabiamente los placeres que han de ocupar tu vida. Busca la serenidad dentro de ti. La vida del sabio es un camino a la ataraxia. Algunos consideran que estas visiones tienen conexión con el taoísmo, una filosofía oriental que predica la armonía con la naturaleza.

Aversión al riesgo

“Ningún gozo es malo en sí mismo, pero los actos causantes de determinados gozos conlleva muchos más dolores que gozos.”

La forma de tomar decisiones, según el epicureísmo, tiene que tener en cuenta las consecuencias dolorosas de nuestras acciones en el corto y largo plazo. Es una peculiar interpretación del hedonismo, que busca evitar el dolor. El sabio es capaz de elegir bien entre los placeres -que no comporten dolor- y, a la vez, tiene capacidad de soportar los dolores inevitables.

En una terminología más actual el enfoque epicúreo tiene aversión al riesgo. Si algo puede comportar consecuencias dolorosas, aunque también suponga placenteras, debe ser evitado. Es una estrategia que busca un objetivo sin arriesgarse, en temor de las posibles consecuencias.

Teoría epicúrea de los deseos

“En efecto, la gente es infeliz o por miedo o por apetencia infinita y vana. Si la gente refrena esos impulsos está en disposición de conseguir para sí el bendito raciocinio.”

Epicuro distingue tres tipos de deseos: Los deseos naturales y necesarios, son aquellos encaminados a asegurar la supervivencia. Los deseos naturales e innecesarios serían los grandes manjares o los deseos sexuales. Finalmente los derechos innaturales e innecesarios buscarían la gloria, el honor y el triunfo.

En palabras de Mosterín, “lo importante para el sabio es no depender de los deseos innecesarios, no verse importunado por ellos, pues un cálculo prudente le mostrará que no es de sus satisfacción de lo que depende la felicidad, sino de la ausencia de dolor y preocupación La felicidad se encuentra en la vida sencilla, retirada y sosegada” (Mosterín, Helenismo).

Cabe recordar algo que los clásicos negaban y es el fenómeno de la debilidad de la voluntad o akrasia. Alguien sabe que algo es perjudicial y lo hace. Sócrates, en su intelectualismo, consideraba no se daban estas situaciones y nadie haría algo que sabía que le perjudicaba. De nuestra experiencia más actual, cabe destacar que frente a la debilidad de la voluntad están justificadas las medidas paternalistas.

Analizando el coste de oportunidad

“Ante cualquier deseo debemos formularnos la siguiente cuestión: ¿qué me sucederá si se cumple el objeto de mi deseo, y qué si no se cumple?”

En esta máxima, Epicuro se plantea lo que, en términos económicos, se conoce como coste de oportunidad. Si optamos por cumplir el deseo, debemos conocer cual es la alternativa de no seguir. Esto permitirá valorar los diferentes cursos de acción y tomar una mejor elección. Si el coste de oportunidad es muy bueno habrá menos posibilidades de que se cumpla el deseo.

Otra reflexión más general es que, según el epicureísmo, excepto aquello necesario para la supervivencia, no es recomendable depender de los deseos. Es mejor ser autosuficiente, llegar a la ataraxia.

El tesoro de la amistad

“De todos los medios de los que se arma la sabiduría para alcanzar la dicha en la vida el más importante con mucho es el tesoro de la amistad.”

Otro elemento central para Epicuro es la importancia de la amistad. Debería basarse en relaciones de ayuda mutua. Compartir con los amigos es uno de los secretos de la vida. En este contexto, la lealtad permite afrontar el futuro con una buena sonrisa.

Aristóteles, prudencia como virtud clave

La virtud de la prudencia se basa en utilizar  la racionalidad práctica en la vida cotidiana.
La virtud de la prudencia se basa en utilizar la racionalidad práctica en la vida cotidiana.

 

Aristóteles fue discípulo de Platón, de quien aprendió en la Academia y luego fundó el Liceo donde mostró sus enseñanzas. Si Platón era un idealista que defendía una sólida y filosófica concepción del mundo, Aristóteles tiende al contextualismo, en alguna de sus aportaciones defiende un empirismo cercano al espíritu científico y, en otras, puso las bases de la lógica clásica o propuso un potente modelo retórico.

La obra Etica a Nicómaco es un bello tratado sobre la virtud  y la amistad. Debería ser de lectura obligada. Entre sus líneas se entrelazan los elementos y los secretos para alcanzar la felicidad. Aunque nos separen siglos de Aristóteles, sus consejos siguen sonando actuales.

Las virtudes

Aristóteles afirma “la virtud se divide de acuerdo con esta diferencia, pues decimos que una son dianoéticas y otras éticas, y, así, la sabiduría, la inteligencia y la prudencia son dianoéticas y la liberalidad y la moderación son éticas.” Etica Nicomaquea, 1102b

Se debe aclarar que las virtudes dioanéticas hacen referencia a la parte intelectuales del alma y las virtudes éticas a la parte sensitiva-irracional de los seres humanos. La sabiduría y la inteligencia estarían conectadas con la ambición teórica, la contemplación de estudio de disciplinas de gran complejidad, como las matemáticas, la física, la metafísica.

En cambio, la prudencia se vincularía con la racionalidad práctica, con el conocimiento requerido para realizar las mejores elecciones en la vida diaria. Para Aristóteles, esta virtud de la prudencia se relaciona con todas las demás y tiene una importancia clave. Desde Estrategia Minerva intentamos proveer de un marco analítico para poder desarrollar una racionalidad práctica en contextos estratégicos. En este sentido, la prudencia es aconsejable para desarrollar planes con éxito.

Sobre la virtudes éticas, se puede afirmar que la Ética a Nicómaco es una oda a la moderación. En otros pasajes, se incluyen como virtudes la fortaleza, la templanza y la justicia.

La virtud es un término medio

En Etica a Nicómaco, Aristóteles sostiene “la virtud, entonces, es un termino medio, la menos tiende al medio. (…) Es, por tanto, la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre prudente.” Etica Nicomaquea, 1106b

Este es uno de los aspecto más famosos de la teoría de las virtudes de Aristóteles. La virtud se define por un termino medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por un defecto. Aquí se ve más claramente el elemento contextualista de la ética aristotélica ya que aquello que sea la virtud no está prefijado previamente y puede encontrarse en los más diversos bienes. El enfoque sitúa virtud en el término medio, en la moderación frente a los excesos.

Pero frente a la críticas de relativismo, se puede decir que no “todo vale” como virtud. La maldad, la envidia o el asesinato no son, ni serán virtudes. Existe una incompatibilidad manifiesta con utilizar el lenguaje de las virtudes y aplicarlo a determinados ámbitos. Sin embargo, los campos a los que se puede aplicar el enfoque de virtudes son amplios y diversos. Es una visión pluralista y pragmática que se basa en la prudencia y la moderación a partir de la experiencia.

Experiencia

Aristóteles sostiene “mientras los hombre de experiencia juzgan rectamente las obras de su campo y entienden por qué medios y de qué manera se llevan a cabo, y también qué combinaciones de ellos armonizan, los hombres inexpertos deben contentarse con que no se les escape si la obra está bien o mal hecha, como en la pintura.” Etica Nicomaquea, 1181 a

La virtudes son hábitos y disposiciones morales, que se vinculan a modelos de excelencia, que a base de internalizarse y se repetidos cambian el carácter de una persona. Alguien se convierte en virtuoso, actuando virtuosamente.

La experiencia es un elemento fundamental que permite desarrollar mejores estrategias. Uno aprende, equivocándose una vez, pero no dos. La prudencia, como racionalidad práctica, analiza las diversas posibilidades y decide un plan de acción encaminado a conseguir el éxito. La experiencia, en ocasiones, muestra a la prudencia caminos por donde no debe transitar. Aristóteles consideraba que la prudencia era una virtud clave para conseguir la felicidad

Boecio, por qué no ganan los malos

Boecio escribió la Consolación de la Filosofía en la cárcel con un mensaje universal.
Boecio escribió la Consolación de la Filosofía en la cárcel con un mensaje universal.

 

Algunos clásicos de la literatura universal se han escrito desde la cárcel. Este es el caso de La consolación de la Filosofía de Boecio. Es un interesante libro que se cita como inspiración del protagonista en La conjura de los necios, de John Henry Toole.

Boecio era un patricio romano, con una esmerada educación, que cayó en desgracia del favor del emperador y acabó en la cárcel. A la espera de una condena de muerte, escribió este libro. El objetivo es mostrar porque, a pesar de los reveses de la fortuna, el camino es la virtud y la Filosofía. O de otra forma, aunque a veces lo parezca, no ganan los malos.

a) Sobre la idoneidad para ocupar un cargo público

Para explicarse su situación de prisión por causas políticas, Boecio afirma que “la mayor parte de los cargos los desempeñan los malvados, y es igualmente claro que los cargos no son intrínsecamente buenos, pues van vinculados a gente corrupta.” (II.V.6)

Frente a esto, Boecio advierte “el poder es incapaz de hacer dueño de sí mismo al que es prisionero de las cadenas insolubles de sus vicios. Y cuando un alto cargo recae en hombres indignos, los delata, haciendo patente su indignidad” (II.V.6).

Esto ha de hacer reflexionar sobre que en toda estrategia es posible realizar un análisis ético. La estrategia, de forma sintética, exige una correcta adecuación medios y fines para trazar un plan de actuación que dé los resultados esperados. Pues bien, siempre es posible analizarlo desde el punto de vista ético. En este blog, analicé los modelos deontológico, utilitarista, maquiavélico y virtuoso.  Pero actualmente muchas empresas tienen políticas de responsabilidad social para analizar las dimensiones éticas de su actividades.

b) Las cosas no dan la felicidad 

Un objetivo del autor romano es precisar donde se encuentra la felicidad. En este sentido, Boecio afirma “las cosas no pueden dar la felicidad que prometen, ni todas ellas juntas llevan a la perfección, ni son el camino para la felicidad, ni pueden por sí mismas hacer feliz a nadie” (III.VI.8).

Vivimos en una sociedad materialista y de consumo donde se valora la tenencia de cosas materiales hasta el extremo de considerar que en las cosas materiales reside la felicidad. Boecio alertaba que las cosas no dan la felicidad. Es la forma cómo uno afronta la vida lo que acerca a la felicidad.

c) Los buenos ejercitan las virtudes y los malos siguen sus pasiones

Precisamente en la forma de afrontar la vida, para Boecio, se produce una gran diferencia entre seguir en camino de las virtudes y el de las pasiones. De esta forma, Boecio establece que “el bien supremo es la meta tanto para los buenos como para los malos. Sólo que los buenos tienden a ella por el ejercicio natural de las virtudes. Los malos, en cambio, se esfuerzan por conseguir lo mismo siguiendo sus pasiones (IV.I.2).

La estrategia de la Filosofía es el camino de las virtudes. Este enfoque está desarrollado en Etica a Nicomaco de Aristóteles. Se trata de educar el carácter en hábitos y costumbres vinculados a modelos de excelencia que desarrollen las capacidades humanas. La otra vía, la de los malos, es seguir las pasiones, que tienen un componente emocional e irracional.

d) La virtud no se deja vencer por la adversidad

Sin embargo, a veces parece que ganan los malos. En este sentido, Boecio afirma que “el sabio no debería alarmarse cuando se enfrenta con la fortuna, de la misma manera que el esforzado soldado no se alarma cuando suena el grito de combate. Para ambos el riesgo es su oportunidad: para el soldado, la de conquistar más gloria, y para el sabio la de afianzarse en la virtud. Por eso mismo se llama virtud, que significa valor, fuerza. Se apoya en su misma fuerza y no se deja vencer por la adversidad” (IV.VI.7).

El problema es seguir el camino de las virtudes y no ser afortunado. La estrategia de la Filosofía es, a pesar de las circunstancias,  preservar en la virtud. Aumentar el peso específico, especializarse, convertirse en un experto, dominar las técnicas, saber actualizarse. Ese es el camino de la virtud.

e) La virtud es el término medio

Sobre qué se comprende por virtud, Boecio sostiene que “mantened el justo medio con todas vuestras fuerzas. Tanto lo que se queda corto como lo que se pasa de la raya os lleva al desprecio de la felicidad y no tiene el premio de la virtud” (IV.VI.7).

Esta ley del término medio como definición de la virtud está ya en la obra Aristóteles. Es una canto a la moderación en todas las cosas. Los excesos (por defecto o por exceso) no conducen a la virtud. No forjan una práctica vinculada a modelos de excelencia.

Esto también tiene una lectura donde es el contexto lo que marca qué es el término medio. No es algo que se pueda decidir a priori.

f) La adversidad: o perfecciona, o corrige, o castiga

Finalmente, Boecio afirma que “está, pues, en vuestra mano la clase de fortuna que queráis forjar: todo lo que nos parece adverso, o perfecciona, o corrige, o castiga” (IV.VI.7).

Esta es una gran lección: la adversidad no es un mero mal, se puede aprender de ella. Se pueden convertir los fracasos de hoy, en triunfos del mañana. La cuestión clave es la mentalidad: Se pueden vivir circunstancias adversas, pero lo peor es si éstas derrotan nuestra esperanza. Lo relevante no es lo qué pasa, sino cómo se vive y se siente. La adversidad puede hacernos mejores. Más competitivos, más humanos, más sensibles, mejores profesionales… Poder aprender a no caer en los mismos errores. A nadie le gusta la adversidad, pero una vez sucede, la opción es caer derrotado o seguir luchando.

La Consolación de la Filosofía de Boecio es una obra clásica aborda grandes conceptos y temas interesantes. Los malos siguen sus pasiones y ansían riquezas y puestos. A veces parece los malos ganen, pero según Boecio, esto es falso. El verdadero camino a la felicidad es el de la virtud y la Filosofía.