Marco Aurelio, la estrategia estoica

Es interesante que el hombre más poderoso de la época fuera además filósofo.
Es interesante que el hombre más poderoso de la época fuera además filósofo.

 

Uno de los temas interesantes, dentro de la estrategia, es cómo piensa realmente alguien que ha ejercido el poder. El ideal platónico nos presenta al rey filósofo. Pero en la Historia es difícil que coincidan en una misma persona habilidades en la lógica de la toma práctica de decisiones y en la lógica de la reflexión teórica. El poder tiene su lógica y sus palabras y la Filosofía está en otro nivel.

Es, entonces, especialmente relevante el caso de Marco Aurelio, emperador del Imperio Romano, que además de su acción de gobierno, dejó su obra Meditaciones, de eminente contenido filosófico. Lo importante de estas reflexiones es que están realizadas por un hombre de acción, el hombre más poderoso de su época.

A continuación analizaré algunos pensamientos de Marco Aurelio, especialmente desde la perspectiva estratégica:

No obres de mala gana, ni de forma egoísta, ni sin examen, ni arrastrado en sentidos contrarios; tampoco adorne tu inteligencia la afectación, no seas ni de muchas palabras, ni de muchas obras (III.5).

Las acciones requieren análisis y deben ser independientes de cuestiones sentimentales. Es más prudente elegir bien las (pocas) palabras y las (pocas) obras que excederse en obras y palabras.

No pienses cosas tales como las piensa el prepotente o como quiere él que tú las pienses, sino míralas cuales son de verdad (IV.11).

Lo relevante es la información imparcial. También es importante cómo nos ve la otra parte, pero eso no ha de condicionar nuestra acción. La prepotencia es mala compañera.

Cosa terrible es, entonces, que la ignorancia y la complacencia sean más fuertes que la sabiduría (V.18).

Para acercarse a la sabiduría se debe tener información relevante y hacerse buenas preguntas. La crítica debe alejarnos de la ignorancia y la complacencia. No tenga oídos para los halagos de personas que les interese hacerte halagos.

El mejor modo de defenderse: no hacer semejante (VI.6).

Intuyo que Marco Aurelio era partidario de la regla de oro ‘haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti’ y contrario al la regla del ‘ojo por ojo’.  La lección es que,  a largo plazo, la mejor estrategia es ser moral.  Pero esto requiere tener defensas para no se explotado por alguien inmoral.

Consérvate, pues, simple, bueno, puro, solemne, sin rebuscamiento, amante de lo justo, piadoso, benévolo, afectuoso,  firme para las obras convenientes (VI. 30).

Estas son las virtudes de una buena persona. Es relevante que estas sean las palabras de un emperador de Roma.

Ni ser negligente en las acciones, ni confuso en las conversaciones, ni divagar en las imaginaciones, ni contraerse del todo en el alma o saltar despedido fuera de ella, ni andar en la vida siempre ocupado (VIII.51).

Este pensamiento está dirigido a la estrategia, a la relación entre ideas y acciones, entre la práctica y la teoría. La negligencia, la confusión, la poca claridad, la falta de tiempo son elementos que en las gestiones cotidianas dificultan llevar a cabo los planes de acción y se deben evitar.

Borrar la imaginación. Frenar el impulso. Apagar el deseo. Tener en tu poder la dirección del alma (IX.7).

Esta visión está conectada con el estoicismo, una filosofía que defendía que para evitar el sufrimiento había que evitar el deseo. Era un canto a la moderación.  Buscaba que fuera el sujeto quien dominara su alma y no las pasiones.  Esto está conectado con principios que defiende el taoísmo.

Vive como en camino. Pues allí o aquí no hay diferencia, si se vive en todos sitios como la ciudad del mundo (X.15).

Otro principio estoico es el cosmopolitismo. Los estoicos se consideraban ciudadanos del mundo y abogaban por la lealtad moral al conjunto de la humanidad.

“Vive como en camino” recuerda que estamos en tránsito y que la vida es saber adaptarse a los cambios. Para ellos se necesita la mejor estrategia. Ya decía el poeta: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Pericles, el encanto de la democracia clásica ateniense

Pericles era estratego de la polis de Atenas en su época de esplendor
Pericles era stratego de la polis de Atenas en su época de esplendor

 

Los periodos de esplendor, y decadencia,  de los diversos sistemas políticos a lo largo de la Historia son motivo de reflexión por diversos motivos. La Atenas clásica y el nacimiento de la nueva forma de gobierno conocida como democracia ha sido un ámbito fértil abierto a investigación. En este post, me ocuparé del carácter de la democracia ateniense y de sus virtudes como un ejemplo de estrategia victoriosa, frente a sus rivales. Para este objetivo, me basaré en la Oración fúnebre que pronuncia Pericles en la obra Historia de la Guerra del Penopoleso de Tucídides.

Lo que el stratego Pericles defiende en este discurso, pronunciado por una ocasión solemne, es que es precisamente el carácter de la democracia ateniense, que comparten sus habitantes, el que hace que Atenas sea superior a las polis vecinas, especialmente su enemiga Esparta. Esta última se caracterizaba por sistemas políticos  dictatoriales y belicistas y por un sistema educativo que enfatizaba el rigor y la disciplina.

El carácter de la democracia ateniense se compone de un conjunto de virtudes que, en conjunto, reflejan una concepción clásica del individuo. Sin embargo, con un poco de contextualización, el interés sobre estas virtudes es inusualmente actual.

1.- Sea original, cree algo propio, no imite

Los atenienses del siglo V a C fueron originales. Inventaron que sistema político, distinto del de las polis competidoras, que se basaba en la igualdad de los ciudadanos y en su participación directa en los asuntos públicos.

En este sentido, Pericles afirma “tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros que imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender del gobierno de pocos, sino de un número mayor” (II. 37).

La regla que se puede extraer es que es mejor crear algo propio y original que imitar lo que hacen otros.

2.- Sea abierto, no permita ser explotado, no engañe, no sea ingenuo

La segunda virtud es, primero, una visión abierta contra la xenofobia. En segundo lugar, es una reflexión sobre medios y fines. Por un lado, no mostrar los secretos al enemigo, lo que se puede traducir por no dejarse explotar. Por otro lado, no confiar en argucias, sino en las propias capacidades.

Desde esta perspectiva, Pericles sostiene que “tenemos la ciudad abierta a todos y nunca impedimos a nadie, expulsando a los extranjeros, que la visite o la contemple – a no ser tratándose de alguna cosa secreta de que pudiera sacar provecho un enemigo al verla- pues confiamos no tanto en los preparativos y estratagemas como en nuestro vigor de alma en la acción” (II.39).

La regla sería, primero, tener una visión abierta contra los prejuicios y, segundo, no dejarse explotar, confiar en las propias capacidades y no utilizar argucias.

3.- Sea austero, utilice el dinero con moderación, no fanfarronee, trabaje afanosamente

La tercera virtud parte de considerar el dinero como un medio y no como un fin en sí mismo. Es una defensa de la moderación y la austeridad. El exceso de dinero no debe ser motivo de arrogancia y su carencia, de vergüenza. Pero se debe trabajar para salir de la pobreza

Desde esta perspectiva, Pericles sostiene que “pues amamos la belleza con poco gasto y la sabiduría sin relajación; y utilizamos la riqueza como el medio para la acción más que como motivo de jactancia, y no es vergonzoso entre nosotros confesar la pobreza, sino lo es más el no huirla de hecho” (II.40).

La regla sería no dar importancia al dinero ya que es un medio y no un fin. Ni su exceso o carencia son determinantes, pero es bueno trabajar afanosamente para salir de la pobreza.

4.- Aprenda constantemente, reflexione bien sus acciones, reciba el consejo de expertos 

La cuarta virtud es una apelación a la reflexión y la deliberación antes de cada acción. En la Grecia clásica, se inventó la Filosofía, el amor por el saber. Esta forma de preguntarse y responderse previa a la realización de cualquier plan es una actitud filosófica, orientada a la práctica.

De esta forma, Pericles afirma que “tenemos en alto grado esta peculiaridad: Ser los mas audaces y reflexionar además sobre lo que emprendemos; mientras que a otros la ignorancia les da osadía y la reflexión, demora” (II. 40).

La regla sería analizar los argumentos a favor y en contra antes de realizar una acción. Aprenda constantemente, de los demás y de su propia experiencia, y reciba consejo de expertos

5.- No utilice a su amigos para conseguir favores. Cultive la amistad sin interés. Haga favores sin esperar nada a cambio

La quinta virtud advierte sobre las cualidades de la amistad y en particular sobre aquellas basadas en la conveniencia de recibir favores.  Los clásicos tenían un alto sentido de la amistad y aquí se busca desligar de cualquier visión instrumental.

Desde esta perspectiva, Pericles sostiene que “en cuanto a la nobleza de conducta, diferimos de la mayoría en que no adquirimos  amigos recibiendo beneficios, sino haciéndolos. (…) Y somos los únicos que sin poner reparos hacemos beneficios no tanto por cálculo de la conveniencia como por la confianza que da la libertad” (II. 40).

La regla sería cultive sus amistades desinteresadamente. Haga favores sin esperar nada a cambio

Estas virtudes forjaban el carácter de la democracia clásica ateniense y de cada uno de sus habitantes. Eran hábitos, disposiciones y prácticas que se vinculaban con modelos de excelencia. Fueron estrategias que eran el material en el que se basaba el día a día de la democracia ateniense.  El discurso de Pericles tiene el objetivo de mostrar que Atenas vive una época de esplendor y precisamente esto es gracias al cultivo de las virtudes que marcan su carácter colectivo. Esta es su estrategia al éxito.

De ‘ama a tu enemigo’ a la balanza de Hobbes

La balanza de Hobbes sirve para aplicar su versión de la Regla de Oro
La balanza de Hobbes sirve para aplicar su versión de la Regla de Oro

 

La Regla de Oro de la Humanidad ha recibido diversas formulaciones a lo largo del tiempo. La mayoría de religiones suelen incorporar algún principio similar y también ha habido formulaciones laicas en las obras de algunos pensadores. Suele interpretarse como una apelación al principio de reciprocidad y apertura a la empatía. Sin embargo, no todas las formulaciones de la Regla de Oro tienen los mismos matices e implicaciones.

En nuestra cultura, es influyente la versión religiosa de la Regla de Oro que se ofrece en los Evangelios. En el Sermón de la Montaña, Jesús da la versión cristiana de la Regla de Oro. De esta forma, afirma: “tratad a los demás como queréis que ellos os traten” (Lucas, 6, 31). Esta es una formulación clásica de la regla, pero el mensaje va más allá. Esta versión no se queda en la mera expectativa de reciprocidad, sino que apela a una forma de altruismo más extremo.

En este sentido, en el Sermón de la Montaña, Jesús afirma “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra“ (Lucas, 6, 27-29).  Esta visión ha de contextualizarse como un mensaje para los creyentes, donde las acciones buenas de hoy serán recompensadas en el Cielo después de la muerte. Algunos podrían sostener que este enfoque es ingenuo y requiere de cierto grado de heroísmo.

Desde el punto de vista de la estrategia, se pueden hacer dos reflexiones. La primera es que, desde el punto clave de las relaciones entre ética y estrategia, la estrategia comprometida con la ética, puede no funcionar a corto plazo, pero suele funcionar a largo plazo. Dicho de otra forma,  una estrategia ética es una forma de hacer frente a las estratagemas.

La segunda reflexión es que no hay enemigo pequeño y que una forma de valorar a quien te odia, es aprender de él. Una de las primeras reglas de la estrategia es conoce a tu enemigo. Esto significa que deberías tener la mayor información sobre tu adversario. Además, has de reconocer sus méritos y valorarlos. Deberías identificar sus estrategias y, especialmente, sus estratagemas. Y de esta forma la mejor estrategia es aprender de tu enemigo. Y, esto, podría interpretarse quizá como una forma de valoración.

Una versión laica de la Regla de Oro la ofrece Hobbes en el Leviatán. En concreto, afirma su versión negativa cuando sostiene No hagas al otro lo que no quisieras que te hiciesen a ti. Es una regla relacionada con la consistencia lógica, la coherencia entre ideas y acciones y una aplicación del principio de reciprocidad.

En concreto, Hobbes utiliza la metáfora de los platillos de la balanza para comparar las acciones de los demás y las propias. De esta forma, afirma: “bastará con que,  cuando pondere las acciones de otros hombres para con él, si le parecen demasiado rigurosas, las ponga en un platillo de la balanza, y que ponga las suyas en otro, a fin de que sus propias pasiones y su amor propio no entren en el peso” (Hobbes, Leviatán, XV).

Parece que la balanza de Hobbes es una herramienta interesante para juzgar las acciones de los demás y las propias. Puede ser una forma imparcial de calibrar males. Pese al pesimismo de Hobbes sobre la naturaleza humana, él considera que esta balanza es un principio moral de gran relevancia.

La Regla de Oro tiene diferentes versiones e implicaciones. Es una apelación a la coherencia entre ideas y acciones. También señala una relación equilibrada entre el individuo y los demás basada en la reciprocidad. De la versión cristiana de ‘ama a tu enemigo’ se puede concluir que, en el ámbito de la estrategia, una estrategia ética es una forma de hacer frente a las estratagemas y se debe aprender de los adversarios. La balanza de Hobbes permite calibrar las acciones de los demás en función de nuestras propias acciones.  A la hora de actuar, la Regla de Oro es un criterio a tener en cuenta.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

El Estado de Naturaleza es una guerra de todos contra todos.
El Estado de Naturaleza es una guerra de todos contra todos.

 

En el inicio de Pensar estratégicamente, Dixit y Nalebuff explican unos cuentos relacionados con elementos estratégicos. En concreto, uno de ellos dice así “en el cuento infantil sobre quién le iba a poner el cascabel al gato, los ratones deciden que la vida sería mucho más fácil si el gato tuviera que llevar un cascabel al cuello. El problema era quién arriesgaría su vida para ponerle el cascabel.” Esto hace referencia a un famoso problema de acción colectica, que se conoce como dilema del prisionero. La primera versión de este problema aparece en una obra del siglo XVII que fue escrita por Thomas Hobbes y se llama Leviatán.

En este tratado el autor formula, por primera vez, la teoría del Contrato social como forma de justificar el Estado. Para ello imagina como sería una sociedad sin leyes y sin Estado y le llamó Estado de Naturaleza.

Los seres humanos son mutuamente vulnerables y tienen una relativa igualdad de facultades. Lo cual hace, según el relato hobbesiano, que compitan por determinados objetivos, se produzca la desconfianza y se llegue a la guerra. Hobbes sitúa en la naturaleza del hombre tres causas principales de disensión: la competencia –hace que los hombres invadan el terreno de otros para conseguir ganancias-,  la desconfianza –para lograr seguridad- y la gloria –para adquirir reputación-.

Aquí la famosa frase de que el hombre es un lobo para el hombre. Hobbes describe el Estado de Naturaleza como una guerra de todos contra todos donde “la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”.

La vida se compone de elecciones que tienen sus puntos a favor y en contra y, en este caso, se puede sintetizar en una dilema entre guerra y paz. Si se opta por la guerra, los seres humanos permanecen libres, a lo que aspiran naturalmente, y pueden ejercer el dominio sobre los demás. Si se opta por la paz,  se garantiza la propia conservación, el deseo de obtener las cosas necesarias para vivir cómodamente, y la esperanza de que, con su trabajo, pueda conseguirlas.

Pero para conseguir la paz, se necesita un poder común que haga cumplir los convenios y obedecer las leyes. Además de la guerra constante, lo que caracteriza al Estado de Naturaleza es la ausencia de un poder que haga cumplir los pactos y normas. Y aquí viene el dilema ¿quién le pone el cascabel al gato?

Existe una situación óptima que requiere la cooperación de ambas partes –paz- y una situación mediocre que supone la competición de ambas partes –guerra-. También existen situaciones intermedias donde uno coopera y otro compite donde una parte gana y otra pierde. El equilibrio se sitúa, en principio, en la situación mediocre –guerra-, pero si ambas parte llegasen a un acuerdo llegarían a un estado óptimo –paz- Pero para que el acuerdo sea estable debe haber garantías de que ninguna parte va a traicionar a la otra.

El resultado óptimo necesita del acuerdo estable entre las partes. Explicado de forma sintética, esta visión subyace a la lógica del Contrato Social. El Estado se justifica porque se garantiza de forma estable que se cumplan los convenios y se obedezcan las leyes. Ha de ser un Estado porque un grupo de personas o una multitud de personas no garantizan que alguien traicione el pacto o no quiera cumplirlo.

Es más que concordia o consentimiento, explica Hobbes “es una verdadera unidad de todos en una y la misma persona, unidad a la que se llega mediante un acuerdo de cada hombre con cada hombre, como si cada uno estuviera diciendo a otro: «Autorizo y concedo el derecho de gobernarme a mí mismo, dando esa autoridad a este hombre o a esta asamblea de hombres, con la condición de que tú también le concedas tu propio derecho de igual manera y les des esa autoridad en todas sus acciones. Una multitud así unida en una persona es lo que llamamos Estado, en latín Civitas”.  

Según el enfoque hobbesiano las funciones principales del Estado son garantizar la paz y la seguridad. Alguien podría sostener que nunca ha firmado un contrato parecido al formulado por Hobbes. La respuesta que se podría dar es que está disfrutando del resultado óptimo –paz- y que esto es preferible al resultado mediocre –guerra- donde es libre, pero sometido a una gran inseguridad y peligro. Mantener el resultado óptimo de paz requiere un acuerdo para tener un poder común –Estado- que haga cumplir los pactos y que se obedezcan las leyes. Hobbes fue el primero que puso el cascabel al gato, que dijo que era preferible la paz y la seguridad garantizadas por el Estado, que la libertad natural que aboca a la guerra de todos contra todos.

 

Modelo ético virtuoso

Uno se convierte en virtuoso, actuando virtuosamente.
Uno se convierte en virtuoso, actuando virtuosamente.

 

El último modelo que analizaré es el modelo ético virtuoso. Esta visión se compone de algunos principios. En primer lugar, para conocer la acción correcta en un caso se debe pensar cómo actuaría una persona virtuosa en ese caso. En segundo lugar, una persona virtuosa es aquella que posee virtudes. En tercer lugar, las virtudes son hábitos o disposiciones que forjan el carácter de los seres humanos y que muestran la excelencia de una determinada práctica.

Existe una confusión con el lenguaje de las virtudes desde el enfoque religioso y el enfoque ético. Las virtudes para la religión cristiana son fe, esperanza y caridad. Sin embargo, el enfoque de la ética de las virtudes es anterior al cristianismo y está identificado con la obra de Aristóteles. En Etica a Nicómaco, considera como virtudes la prudencia, el coraje, la justicia y la templanza.

Es relevante el componente educativo en la ética de las virtudes. Uno se convierte en virtuoso, actuando virtuosamente. O dicho de otra forma, repitiendo los hábitos que son virtuosos, nuestro carácter se convierte en virtuoso. De ahí que este modelo sea tan importante en la educación y que las virtudes, en términos generales, se pueden aprender.

Pero ¿qué es una virtud? Este modelo ético es más flexible que el modelo deontológico. El modelo ético virtuoso es más contextualista y pluralista. Cada uno puede encontrar cuales son sus modelos de excelencia –virtudes- e intentar actuar de acuerdo con ellos. Pero no todo puede ser una virtud, no es un modelo relativista. Existen comportamientos más cercanos a los vicios que a las virtudes y aunque existe un componente contextualista, existen algunos casos claros que no pueden ser virtudes. La maldad, el asesinato o la envidia no pueden nunca ser consideradas virtudes.

¿Cuáles son las virtudes de un estratega? Por lo visto hasta ahora, la virtudes se aprenden, comportándose virtuosamente y existe un elemento contextualista donde cada cuál encuentra sus modelos de excelencia, con algunos límites. Inspirándose en Aristóteles se puede considerar que existen, al menos, tres perspectivas interesantes sobre las virtudes para los estrategas: a) La ley del término medio; b) La importancia de la experiencia; c) La virtud de la prudencia como sabiduría práctica.

Una virtud es el término medio entre dos excesos o vicios, uno por defecto y otro por exceso. Esto básicamente es lo que sostiene la ley del término medio. Es una llamada a la moderación en las diversas acciones. El análisis que se puede realizar es que dados unos concretos objetivos, se debería determinar cuáles son las acciones virtuosas –dentro del término medio- y cuáles son acciones excesivas –por defecto o exceso-.

El enfoque de la ética de las virtudes da mucha importancia a la experiencia. Se aprende a ser virtuoso, se aprenden las virtudes de la estrategia. La mejor manera de aprender, desde unas bases adecuadas, es la experiencia. Es en la práctica donde cada uno encuentra sus modelos de excelencia, lo que permite ver que las virtudes dependen del contexto. La experiencia también permite valorar si realmente nos encontramos ante una virtud o un exceso.

De entre todas las virtudes, Aristóteles destaca la prudencia, donde considera que es un sinónimo de la sabiduría práctica. Este autor se refiere a la palabra phronesis para considerar que es la virtud central de los seres humanos. También para los estrategas la prudencia es una virtud central. La prudencia lleva a sopesar siempre todas las alternativas, a pensar los diferentes costes de oportunidad, promover métodos de comprobación imparcial, acudir a terceros o expertos y, especialmente, pensar bien -y no precipitarse- ante las diferentes operaciones.

Del modelo ético virtuoso se puede concluir: que las virtudes del estratega se pueden aprender; que uno se convierte en virtuoso, actuando virtuosamente; que la experiencia nos enseña el camino; se ha de hacer un balance para encontrar virtudes y excesos y la virtudes están en la moderación y, finalmente, que la virtud central para los estrategas es la prudencia, que es la sabiduría práctica. El camino a la virtud es un aprendizaje hacia la excelencia a partir de la experiencia y la prudencia. ¿Nos atrevemos a caminar?

 

 

Modelo ético maquiavélico

La regla fundamental de Maquiavelo es el deseo de éxito
La regla fundamental de Maquiavelo es el deseo de éxito

 

El siguiente es el modelo ético maquiavélico. Es una versión extrema y particular del modelo ético consecuencialista. Está inspirado en la obra de Nicolás de Maquiavelo. Es curioso como de un pensador ha surgido un término maquiavelismo que la Real Academia define como “modo de proceder con astucia, doblez y perfidia”.  Maquiavelo no ha tenido demasiada buena prensa, pero el método ético maquiavélico es más común de lo que parece.

El lema más conocido de Maquiavelo es el fin justifica los medios pero esta atribución no es del todo adecuada porque esa frase no aparece en ninguna de sus obras.  Sin embargo, en El Príncipe, afirma:“(…) y en las acciones de todos los hombres, y máxime en las de los príncipes, cuando no hay tribunal al que reclamar, se juzga por los resultados. Haga, pues, el príncipe lo necesario para vencer y mantener el Estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y serán alabados por todos.” (Maquiavelo, El príncipe, XVIII).

El modelo ético maquiavélico afirma, como regla fundamental, el deseo de éxito y, en ese contexto, los fines elegidos son más importantes que los medios. Pero eso no significa que automáticamente el comportamiento deba ser inmoral. El Príncipe es un tratado sobre la naturaleza humana donde podemos aprender que el príncipe si quiere conseguir el éxito tiene que simular y disimular, pero finalmente actuar de acuerdo con la regla que le lleve al éxito.

Esto puede suponer una adhesión aparente a los valores, pero finalmente actuar de acuerdo con el pragmatismo. En uno de los pasajes más conocidos, Maquiavelo se plantea por “de qué forma tiene que mantener su palabra un príncipe” y ofrece una respuesta que está en su línea: “un señor que actúe con prudencia no puede ni debe observar la palabra dada cuando vea que va a volverse en su contra y que ya no existen las razones que  motivaron su promesa. Y si todos los hombres fuesen buenos este precepto no sería justo; pero puesto que son malvados y no mantendrían su palabra contigo, tú no tienes por qué mantenerla con ellos. Y a un príncipe nunca le han faltado razones legítimas para excusar su inobservancia” (Maquiavelo, El príncipe, XVIII).

Desde el modelo ético deontológico se replicaría que se deben mantener siempre las promesas y se debe decir siempre la verdad.  Si analizamos el escenario según Maquiavelo, deben darse tres circunstancias que aconsejan no cumplir una promesa:  a) Se pueda volver en contra de quién la formuló; b) No existen las razones que la motivaron; c) Los hombres son malvados y no cumplirían su palabra contigo. El segundo motivo es el más fuerte y podría ser invocado si realmente  ya no existen los motivos que originaron la promesa. El primero debería haber sido previsto adecuadamente y sobre el tercero, se podrían encontrar ejemplos que afirmen lo contrario.

Existen varias interpretaciones sobre Maquiavelo. La versión maquiavélica de Maquiavelo nos sitúa a un autor diabólico, inmoral, anticristiano, que justifica cualquier acción para conseguir sus objetivos. La versión republicana de Maquiavelo afirma que era un patriota, que quería defender ante todo el Estado y consideraba que el Príncipe debía tener virtudes civiles y políticas y no religiosas.

Por este motivo algunos consideran que es el fundador de la Ciencia Política, porque considera que la política tiene sus propias reglas, distintas de la ética y la religión.

Desde la visión estratégica, Maquiavelo ofrece lecturas, dudas y reflexiones interesantes. Por ejemplo, encontramos este interesante consejo para estrategas: “hay que ser un zorro para conocer las trampas, y un león para amedrentar a los lobos” (Maquiavelo, El príncipe, XVIII). Pero quizá el elemento clave dentro de la estrategia es cómo actuar frente a alguien maquiavélico.  La primera y más difícil tarea será identificarlo por que como afirma Aranguren “un maquiavelismo confesado se anularía en cuanto tal: para ser eficaz tiene que se hipócrita y rendir tributo a la virtud” (Aranguren, José Luis, Ética y Política)

El estratega debe estar alerta y, por ejemplo, establecer mecanismos de comprobación imparcial de las diferentes operaciones. Se podría dar el caso de alguien buscando su éxito, fingiendo conformidad, no cumpliera su palabra. Se deben desarrollar estrategias para prevenir estas situaciones. Maquiavelo nos señala que si aprendemos de las cualidades del zorro y del león nos podemos acercar más al éxito.

 

 

Modelo ético deontológico

 

Dentológico es el enfoque ético que se basa en deberes
Dentológico es el enfoque ético que se basa en deberes

 

Antes de adentrarnos en contenidos más estratégicos, voy a dedicar una serie de post a diversos modelos éticos. Estos modelos sirven para juzgar nuestras acciones y también pueden inspirar diversas estrategias. El primer modelo ético es el deontológico.

Primero es necesario deslindar su significado frente a alguna confusión que se podría dar. Existen dos significados para la palabra deontología. El primero tiene que ver con la ética profesional, con el conjunto de valores y normas que regulan el ejercicio de una profesión y que a veces se recogen en un código deontológico, como el caso de médicos, abogados, periodistas… El segundo está relacionado con un enfoque ético que básicamente se basa en deberes.

Me ocuparé en este post de este segundo significado. El modelo ético deontológico, que se basa en deberes, se suele contraponer al modelo ético consecuencialista, que se basa en las consecuencias. Más propiamente el modelo deontológico se basa en que el individuo debe actuar según el principio o valor correcto.

El paradigma del modelo ético deontológico es la filosofía de Inmanuel Kant y se suele ejemplificar en las formulaciones del imperativo categórico. De esta forma, se afirma: ”compórtate de tal forma que tu máxima de actuación se convierta en ley universal”.  Este parece un principio moral importante, sin embargo algunos sostienen que está vacío.  Con la suficiente habilidad, alguien puede convertir el ley universal, pretensiones poco aceptables. Veamos como funciona este mecanismo. Si alguien quiere utilizar el lenguaje del odio contra las minorías parece que esto no podría universalizarse. Sin embargo, si alguien defendiera políticas de discriminación positiva ¿podrían universalizarse? Alguien podría sostener que no realiza lenguaje del odio, sino que el principio a universalizar es la libertad de expresión de personas con orgullo propio.

Detrás del imperativo categórico se esconde la regla de oro de la Humanidad, que tiene trascendencia estratégica, que sostendría “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”. Es una regla que se basa en la reciprocidad, pero a diferencia del ojo por ojo, no es una regla de respuesta ante un ataque, sino que anticipa una actitud cooperativa, que implica ponerse en el lugar del otro. Algunos estudios señalan que está actitud cooperativa a largo plazo es la que da mejores resultados.

Otra formulación del imperativo categórico es “trata a todo ser humano siempre como un fin en si mismo, nunca como un medio”. Esto muestra como el modelo ético deontológico es una ética de máximos. Otros conectan esta visión con la noción de dignidad humana. Desde la estrategia, se podría decir que ésta es una encomiable declaración de principios, pero que las relaciones humanas se mueven entre la cooperación y la competición. La estrategia debería potenciar los elementos cooperativos y disminuir los elementos competitivos, para conseguir unos objetivos determinados.

Este modelo ético deontológico es legalista, rigorista, anterior a la experiencia, racional, de aplicación universal. Existen dos máximas que defiende este modelo que tienen especial trascendencia estratégica. La primera es que se deben siempre cumplir las promesas. En EEUU, algunos periodistas van a prisión por no revelar sus fuentes en juicio. Su promesa de confidencialidad es más fuerte que el deber jurídico de declarar. Cumplir las promesas es un buen principio ético y la sociedad se basa en gran medida en la expectativa de que se van a cumplir las promesas. Las objeciones podrían venir del modelo ético maquiavélico, donde no siempre la mejor solución es cumplirla palabra dada. El modelo deontológico sostiene que siempre se deben cumplir los compromisos, independientemente de las circunstancias. La estrategia debe prevenir de no ser explotado por quienes  afirman compromisos y luego no los quieren cumplir.

La otra máxima del modelo ético deontológico con interés estratégico es que siempre se debe decir la verdad. Primero, habría que distinguir entre no decir toda la verdad y mentir. Segundo, el uso estratégico de las amenazas supone que éstas deben ser creíbles para producir su efecto. Lo que sostiene el modelo ético deontológico es que siempre se debe decir la verdad aunque ésta perjudique al emisor. En esos casos, la mejor estrategia es el silencio. O como decía Wittgenstein “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse”.

El modelo ético deontológico es una propuesta exigente moralmente, podría calificarse de rigorista. Se basa en principios de validez universal anteriores a la experiencia. Puede funcionar como un mecanismo para hacer sólidos y creíbles los compromisos y las amenazas. Sin embargo, la estrategia aprende de la experiencia. Así, pueden existir situaciones especiales donde se pueda hacer una excepción a los principios generales, siempre que estén adecuadamente justificadas.

Los principios y valores son una guía de acción que, en ocasiones, marcan los límites donde no se debe transitar. La ética de los deberes debería permitir una aplicación flexible, no de forma absoluta. No estoy seguro que esta flexibilidad se encuentre en el espíritu de Kant, pero se acerca más a la vida.

 

Por qué leer a los clásicos

"Un clásico es un libro que nunca termina de decir que lo que tiene que decir" I. Calvino
«Un clásico es un libro que nunca termina de decir que lo que tiene que decir» I. Calvino

 

En un delicioso ensayo, el escritor Italo Calvino se plantea “Por qué leer a los clásicos”. Vivimos tiempos donde parece que prime la novedad y se olviden algunas cosas. En este ensayo, el escritor italiano reivindica el valor de los textos clásicos. En este sentido, afirma “Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).”

No cualquier libro es un clásico. Pero acercarse a un clásico es aprender o quizá identificar qué parte del conocimiento o del bagaje de cada cual estaba ya en aquel libro tan famoso. Así, Calvino afirma “los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”. Aproximarse a un texto clásico no es un ejercicio de adhesión acrítica, más bien es un reconocimiento y puede servir como toma de posición. En este sentido, el autor italiano sostiene “Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.”

Analizaremos a continuación dos célebres máximas que han pasado a la Historia de las Ideas como clásicas, aplicadas al contexto de la estrategia. La primera se debe a Thomas Hobbes en su obra Leviatán. Quien no ha escuchado que “el hombre es un lobo para el hombre”. Esto describe la circunstancias del Estado de naturaleza, una situación donde no hay Estado, ni Derecho, ni pactos, ni promesas…Es una guerra de todos contra todos. ¿Nos gustaría vivir allí? Parece que la convivencia con la amenaza de un conflicto constante no genera estabilidad, ni confianza. En esa situación, los seres humanos acceden a pactar y renuncian a su libertad natural a cambio de unas condiciones. Aquí ya aparecen algunas nociones estratégicas como que el pacto surge para evitar el conflicto o que las condiciones del pacto social dependerán del coste de oportunidad – o sea, de cómo sea la situación para los individuos en la situación alternativa del Estado de Naturaleza-.  En el caso de Hobbes, el Estado de Naturaleza, es un guerra constante entre lobos, los seres humanos pactan renunciar a su libertad natural, a cambio de la paz y la seguridad. Sin embargo, existen otras versiones del Contrato Social donde las condiciones son diferentes, como es el caso de Locke –donde el Pacto implica la noción de derechos individuales- y Rousseau –que considera que hombre es bueno por naturaleza y el Pacto implica someterse a la voluntad general-.

La segunda máxima se debe a Aristóteles en su obra Política afirma que “el hombre es un animal político”. Eso significaba que el ser humano en un animal de la polis, se interpreta como que es un ser social. Sólo en el contexto de la sociedad, el hombre puede desarrollar plenamente sus capacidades. Esta máxima permite lecturas más o menos descontextualizadas. Voy a ofrecer una que se vincula con cuestiones de estrategia. Como animal político, el ser humano se mueve en situación de cooperación y/o conflicto. La mayoría de escenarios combinan elementos cooperativos y competitivos. El elemento clave es la interdependencia. Habría varias definiciones para este concepto, pero el fenómeno es conocido. Dependemos de los demás para nuestros objetivos y los demás dependen de nosotros para sus objetivos. El uso estratégico de la interdependencia es el poder de convicción de cada cuál para alcanzar sus objetivos de la forma más compatible posible con los objetivos de los demás. Lo cual dependerá de los diversos escenarios cooperativos/conflictivos y para cada situación se deberá desarrollar una estrategia específica.

Para terminar, una reflexión de Italo Calvino: “es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.”

 

Todos somos filósofos, pero ¿somos todos estrategas?

Andamios para las ideas.

Todos somos filósofos. Esta afirmación le puede sorprender un poco.  No es algo que se diga habitualmente. Tampoco parece hablarse mucho de Filosofía. En la superficie.

Habría que distinguir entre la Filosofía académica y la Filosofía como forma de vida. La primera se concibe habitualmente como un territorio complejo solo para estudiosos. La segunda nos dice que «todos somos filósofos». La actitud esencialmente filosófica es preguntarse el porqué de las cosas. La curiosidad y la inquietud en el campo de las ideas. Todos, en mayor o menor medida, tenemos esa curiosidad. Todos llegamos a unas certezas, a un alfa y un omega, a una brújula para ir por la vida. Eso es después de que la mayoría nos hayamos hecho muchas preguntas. Por eso, en cierta forma, aunque no lo sepamos, todos somos filósofos.

Pero ahora viene la segunda parte, ¿somos todos estrategas? Comúnmente asociar estrategia al comportamiento de las personas tiene connotaciones morales negativas. Pero si analizamos un poco esto no tiene por qué ser así. Estrategia alude a una correcta adecuación entre medios y fines. El strategos era el líder del ejército de la polis en la Antigua Grecia. La primera acepción de estrategia tiene que ver con la guerra y la paz. De la estrategia militar ha pasado a la Teoría de Juegos y de allí a la estrategia de los negocios o la estrategia de la política.

La estrategia tiene que ver con definir objetivos, tener un plan, se explica por la interdependencia de las conductas de las partes implicadas, alude a escenarios de cooperación y/o conflicto. La historia de la ideas contiene reflexiones relevantes sobre estrategia que pueden ser útiles para los negocios, la política y la vida. Esperamos ir desarrollando estas ideas. Bienvenidos/as a Estrategia Minerva!