Oscar Pérez de la Fuente
Carlos III University of Madrid
https://orcid.org/0000-0002-3708-846X
Abstract
Este artículo analiza la Apología de Bartolomé de las Casas como una de las primeras y más contundentes defensas de la paz, la igualdad y la dignidad de los pueblos indígenas en el contexto de la conquista española de América. Se centra en los argumentos que expuso en la Controversia de Valladolid contra Juan Ginés de Sepúlveda, especialmente en su rechazo de la guerra como medio legítimo de dominación o conversión. Las Casas sostiene, en primer lugar, que la razón exige elegir el mal menor cuando no se puede evitar por completo el daño; en segundo lugar, que la guerra destruye inevitablemente más vidas inocentes de las que pretende salvar; y, en tercer lugar, que en un conflicto armado es imposible distinguir de forma fiable entre inocentes y culpables. Estas afirmaciones anticipan reflexiones posteriores sobre la guerra justa, la proporcionalidad y la protección de los no combatientes. El artículo también destaca los fundamentos teológicos y morales del pensamiento de Las Casas, en particular su insistencia en que los pueblos indígenas son hermanos en Cristo y poseen la misma dignidad humana. En este sentido, su obra puede leerse como un precursor significativo del discurso moderno sobre los derechos humanos. Por último, el artículo reflexiona sobre la relevancia contemporánea de su mensaje universal de fraternidad, igualdad y coexistencia pacífica en sociedades plurales y mixtas.
Palabras clave: Filosofía, alteridad, pueblos indígenas, mestizaje, paz, igual dignidad, sincretismo
Bartolomé de las Casas (1484-1566) fue un fraile dominico, escritor y misionero español, conocido por su defensa de los derechos de los pueblos indígenas de América durante el período de la colonización española. Tuvo una formación más bien autodidacta, orientada hacia la Teología, la Filosofía y el Derecho. Pasó a las Indias en 1502, diez años después del descubrimiento de América, en La Española, Santo Domingo. Se ordenó sacerdote en 1512 y fue el primero que lo hizo en el Nuevo Mundo. Más adelante, fue obispo de Chiapas, México.
Es famosa la controversia sostenida con Juan Ginés de Sepúlveda (1550) sobre el status de las personas indígenas y sobre la licitud de la guerra. Las Casas fue un pionero en el pensamiento sobre derechos humanos y la justicia social. Precisamente en esta controversia, Bartolomé de las Casas aporta algunos argumentos para abstenerse de la guerra y sobre la igualdad, que se comentarán a continuación al estilo de Estrategia Minerva.
“En primer lugar, porque, entre dos males, si uno no puede evitarse, debe elegirse el menor, según la recta razón” (De las Casas, 1975, 304, cap. 40).
Aquí cabe distinguir entre la doctrina del mal menor y la doctrina del doble efecto. Según la primera, se ha de evitar la opción que globalmente considerada produzca peores consecuencias. Según la segunda, cuando se realiza una acción determinada se dan unas consecuencias negativas no intencionales, además de las intencionales, que son positivas. Aplicar el doble efecto supone que el bien producido por esta acción es superior al mal.
La relación entre el mal menor y la racionalidad es fundamental. La racionalidad proporciona las herramientas y el marco analítico necesarios para aplicar el principio del mal menor de manera efectiva.
“En segundo lugar, es manifiesto que perecerán así más inocentes que los que se trata liberar. Además, por un estrictísimo precepto negativo, se nos prohíbe en todo caso matar al inocente” (De las Casas, 1975, 304, cap. 40).
Los inocentes, en este contexto, son las personas que no participan activamente en el combate. Si la legítima defensa suele justificarse, en el marco de las teorías de la guerra justa, ésta no se extiende a las personas inocentes.
“En tercer lugar, porque en la guerra los inocentes no pueden distinguirse de los culpables” (De las Casas, 1975, 304, cap. 40).
Guerra es definida en -una de sus acepciones- por la Real Academia como “lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación.” Suelen ser situaciones brutales, violentas, que suponen daños y víctimas en ambos bandos, sufrimiento y dolor. La reflexión de Las Casas está en la línea de recordar que, en estas situaciones de conflictos armados, los matices y diferencias son difíciles de perfilar, en especial, entre personas combatientes e inocentes. Y las consecuencias en términos personales y materiales suelen ser terribles.
En la parte final de su obra Apología, Bartolomé de las Casas sostiene: “los indios son nuestros hermanos por los cuales Cristo dio su vida ¿Por qué los perseguimos sin que haya merecido tal cosa con inhumana crueldad?” (De las Casas, 1975, 393, cap. 63).
Frente a su contrincante, Ginés de Sepúlveda, en la Controversia de Valladolid, Bartolomé de las Casas sostiene que los indígenas son hermanos de los europeos. Esto, lejos de ser un principio improvisado ante la nueva situación, está en el núcleo del cristianismo. En la Epístola a los Gálatas, San Pablo escribe: “ya no hay judío, ni griego; no hay esclavo, ni libre; no hay varón, ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas, 3, 28). Este mensaje de igualdad era novedoso en la Antigüedad y lo sigue siendo ahora y tuvo como antecedente a los estoicos.
La obra más conocida de Bartolomé de las Casas es «Brevísima relación de la destrucción de las Indias»(2017), publicada por primera vez en 1552, este libro tuvo un gran impacto en Europa y ayudó a generar un debate sobre los derechos humanos de los indígenas. Es una invitación a considerar la alteridad y replantear los propios presupuestos. Ser auténtico desde la asunción de las diferencias, partiendo de la igualdad de los seres humanos.
“Si esto se hace así, estoy convencido de que ellos abrazarán la doctrina evangélica, pues no son necios ni bárbaros, sino de innata sinceridad, sencillos, modestos, mansos y, finalmente, tales que estoy seguro de que no existe otra gente más dispuesta que ellos abrazar el Evangelio, el cual una vez por ellos recibido, es admirable con qué piedad, ardor, fe y caridad cumplen los preceptos de Cristo y veneran los sacramentos; pues son dóciles e ingeniosos y en habilidad y dotes naturales superan a muchas gentes del mundo conocido (…)” (De las Casas, 1975, 393, cap. 63).
En el mensaje de De las Casas subyace la noción de igual dignidad humana, base de los derechos humanos. Una crítica habitual a este autor es que no extendía este concepto a las personas negras. Sus visiones han de contextualizarse históricamente de forma adecuada, y no leerlas desde el posmodernismo de algunas visiones.
Dos nociones podrían reivindicarse desde el enfoque próximo a Bartolomé de las Casas: mestizaje y sincretismo. Los racistas de todo signo tienen temor a la mezcla y lo que ha caracterizado la visión más genuina de la Historia latinoamericana es precisamente el mestizaje y es algo a celebrar. Y el sincretismo como fusión de culturas y/o religiones, también es algo positivo, de lo que aprender. Puede potenciar las mejores energías de la sociedad, pero como suele ocurrir en las políticas de la identidad, puede enfocarse de forma divisiva y excluyente. Frente a ese riesgo, Bartolomé de las Casas lanzó un mensaje universal de igual dignidad humana y fraternidad como motor de avances sociales.
Bibliografía
De las Casas, Bartolomé, De Sepúlveda, Ginés (1975), Apología, Madrid: Editora Nacional, Trans. Angel Losada.
De las Casas, Bartolomé (2017), Brevísima relación de la destrucción de Indias, Madrid, Cátedra, André St. Lu (ed.).

