Diego de Saavedra Fajardo, Empresas políticas

Oscar Pérez de la Fuente

Universidad Carlos III de Madrid

https://orcid.org/0000-0002-3708-846X

Resumen

El texto presenta a Diego de Saavedra Fajardo (1584–1648), diplomático y pensador español, y sitúa su obra Empresas políticas o Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas en la tradición de los tratados que ofrecen consejos para gobernar. Según explica el propio autor en la introducción “Al lector”, el libro nace de los ratos que le deja su actividad diplomática y se dirige al príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV. A partir de varios fragmentos, el comentario subraya la centralidad de la educación del gobernante: en un príncipe, la mala formación no solo le perjudica a él, sino también a toda la comunidad por el impacto de sus decisiones y su ejemplo. La “buena educación” se entiende tanto como modales basados en respeto, consideración y honestidad, como en clave de virtudes que moldean el carácter y evitan vicios. También se defiende que un príncipe sabio es garantía de seguridad, mientras que la ignorancia conduce a la ruina, abriendo el debate sobre la formación mínima de los políticos y el valor del asesoramiento experto. Finalmente, se destaca la historia como maestra de prudencia política y se critica la doble vara de medir del sectarismo, que confunde vicios con virtudes según el bando, proponiendo ecuanimidad e imparcialidad.

Palabras clave: buena educación, educación para la democracia, Historia, política, sectarismo

Diego de Saavedra Fajardo fue un escritor político, crítico literario, poeta, filósofo y jurista español, que nació en Algezares en 1584 y murió en Madrid en 1648. Fue secretario particular del cardenal Gaspar Borja (1606) y embajador de España en los Estados Pontificios. Posteriormente fue embajador en Roma (1631), en Alemania (1632) y en Ratisbona (1636), y representante de España en las conferencias de Münster (1643).

En su introducción “Al lector”, este escritor explica cómo la obra Empresas políticas o Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas (1927) surge en los pocos ratos libres que le deja su trabajo de diplomático. El destinatario no era otro que el hijo de Felipe IV, el velazqueño príncipe Baltasar Carlos que no llegaría a reinar en España, ya que murió siendo niño. Este ensayo, que tiene varios volúmenes, está en la tradición de la Filosofía política de dar consejos a quienes ocupan posiciones de poder para el mejor gobierno. 

A continuación, se comentarán fragmentos del libro Empresas políticas o Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas de Diego de Saavedra Fajardo al estilo de Estrategia Minerva.

“Esta buena educación es más necesaria en los príncipes que en los demás, porque son instrumentos de la felicidad política y de la salud pública. En los demás es perjudicial a cada uno o a pocos la mala educación; en el príncipe, a él y a todos, porque a unos se ofende con ella, y a otros con su ejemplo” (Saavedra Fajardo, 1927, 84).

La expresión buena educación se puede comprender como referida a los modales o como camino hacia las virtudes. Si se sigue la perspectiva de los modales, es interesante que Emiliy Post en su libro clásico Ettiquette’s manners for a new world, sintetiza que, más que arcaicas reglas, los buenos modales suponen, como guías para la vida, basarse en el respeto, la consideración y la honestidad.

Si se sigue la perspectiva del camino hacia las virtudes, la buena educación supone moldear el carácter hacia disposiciones y hábitos asociados a modelos de excelencia inherentes a las prácticas de la vida humana. En otras palabras, este enfoque implica fomentar las virtudes y evitar los vicios. 

“Un príncipe sabio es la seguridad de sus vasallos, y un ignorante, la ruina. De donde se infiere cuál bárbara fue la sentencia del emperador Lucinio, que llamaba a las sciencias, peste pública y a los filósofos y oradores, venenos de las repúblicas. No fue menos bárbara la reprehensión de los godos a la madre del rey Alarico, porque le instruía en buenas letras, diciendo que le hacía inhábil para las materias políticas” (Saavedra Fajardo, 1927, 109).

¿Debe exigirse a los políticos un mínimo de formación? ¿Podemos estar gobernados por ignorantes? El Mito de la Caverna de Platón está en el origen de sus ideas políticas y entre las más famosas está la noción del Filósofo Rey.  Este enfoque ha recibido críticas por su elitismo. Aristóteles, más moderado, defendía que el mejor gobierno es el de la clase media. La política tiene una racionalidad propia para la toma de decisiones y es bueno dejarse asesorar por personas expertas. Los sofistas y los filósofos fueron los primeros educadores para la democracia de los ciudadanos atenienses. Frente a la ignorancia, es recomendable aprender cómo se deben tomar las mejores decisiones.

“La historia es la maestra de la verdadera política, y quien mejor enseñará a reinar al príncipe, porque en ella está presente la experiencia de todos los gobiernos pasados y la prudencia y el juicio de los que fueron. Consejero es que a todas horas está con él. De la jurisprudencia toma el príncipe aquella parte que pertenece al gobierno, leyendo las leyes y constituciones de sus estados que tratan de él, las cuales halló la razón de Estado, y aprobó el largo uso” (Saavedra Fajardo, 1927, 114).

La Historia explica el presente. Conocer cómo sucedieron las cosas en el pasado y cuáles eran los criterios implicados en un determinado momento es crucial. Y ese relato proviene de la Historia para generaciones que no vivieron directamente los hechos. Es de lamentar qué fácil se tiende a olvidar las vivencias, sufrimientos y anhelos de generaciones pasadas. 

“Todas las acciones de los hombres tienen por fin alguna especie de bien, y porque nos engañamos en su conocimiento, erramos. La mayor grandeza nos parece pequeña en nuestro poder, y muy grande en el ajeno. Desconocemos en nosotros los vicios y los notamos en los demás. ¡Qué gigante se nos representan los inventos tiranos de otros! ¡Qué enanos los nuestros! Tenemos por virtudes los vicios, queriendo que la ambición sea grandeza de ánimo, la crueldad justicia, la prodigalidad liberalidad, la temeridad valor, sin que la prudencia llegue a discernir lo honesto de lo malo y lo útil de lo dañoso. Así nos engañan las cosas, cuando las miramos por una parte de los antojos de nuestros afectos o pasiones; solamente los beneficios se han de mirar por ambas” (Saavedra Fajardo, 1927, 130-131).  

El sectarismo y el faccionalismo llevan a esta doble vara de medir. No hay verdad o falsedad, bondad o maldad; todo depende de si quien lo hace es uno de los nuestros.  El grupo se fortalece así con cerrazón y dogmatismo.  Sería deseable que se utilizara la ecuanimidad e imparcialidad a la hora de enjuiciar las cualidades de los unos y los otros, dejando las emociones tribales a un lado.

Bibliografía

Post, Peggy et al (2011), Emily Post’s Etiquette: Manners for a New World, William Morrow, Kindle edition.

Saavedra Fajardo, Diego de (1927), Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas, Madrid: Ediciones de la Lectura, edición y notas de Vicente García de Diego.

Voz “Biografía de Diego de Saavedra Fajardo”, Aula Senior, Universidad de Murcia. Disponible en: https://www.um.es/web/aula-senior/saavedrafajardo/biografia (consulta: 1 de mayo 2026). 

Abraham Lincoln, ambición y reconocimiento del liderazgo

Oscar Pérez de la Fuente

Universidad Carlos III de Madrid

https://orcid.org/0000-0002-3708-846X

Resumen

Se inicia la serie del blog Estrategia Minerva sobre liderazgo político con Abraham Lincoln (1809–1865), abogado y decimosexto presidente de Estados Unidos, recordado por su papel en la abolición de la esclavitud. A partir de un capítulo que Doris Kearns Goodwin le dedica en Leadership in Turbulent Times, el texto analiza rasgos de su liderazgo ligados a la ambición, el carácter y la defensa de principios. En un contexto político marcado por la agresividad y el enfrentamiento, Lincoln destacó por responder con ironía y buen humor, desactivando tensiones y mostrando que la forma también importa en política. Se subraya su rechazo al oportunismo: prefería perder cargos antes que traicionar sus ideas por beneficio personal. En relación con la esclavitud, aparece como un líder con valores no negociables, al considerarla injusta y contraria a la dignidad humana, una lección vigente ante nuevas formas de explotación. Lincoln también alertó contra la ambición desmesurada de líderes carismáticos con pulsiones autoritarias, incompatibles con la democracia y el Estado de Derecho. Como antídoto, defendió renovar el respeto a la Constitución y apostar por la educación ciudadana: un pueblo informado y con alfabetización, también digital, es clave para preservar instituciones libres y resistir la deriva autoritaria.

Palabras clave: democracia, deriva autoritaria, educación, honestidad, liderazgo, política

Inicio con este post una serie en el blog Estrategia Minerva dedicada al liderazgo políticoEl primer objeto de análisis será la figura de Abraham Lincoln, quien nació en Hodgenville, Estados Unidos, en 1809 y murió en Washington en 1865. Abogado y político estadounidense que fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861-1865). Siempre evocado como el presidente que abolió la esclavitud, Abraham Lincoln es una de las figuras más admiradas de la historia estadounidense.

Sobre ambición y reconocimiento del liderazgo, Doris Kearns Goodwin dedica un capítulo a Abraham Lincoln en su obra Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents (2018). A continuación, se comentarán fragmentos de este capítulo con el estilo de Estrategia Minerva.

“La forma en que Lincoln respondió a los ataques dirigidos contra él y su partido revela mucho sobre su temperamento y el carácter de su liderazgo en desarrollo. Tal era la ley de la política en la época anterior a la guerra que las discusiones y los debates entre whigs y demócratas atraían regularmente la atención fanática de cientos de personas. Los oponentes se atacaban mutuamente con un lenguaje encendido y abusivo, para gran deleite de un público ruidoso, lo que incitaba a un ambiente que podía estallar en peleas a puñetazos e, incluso, en ocasiones, en tiroteos. Aunque Lincoln era tan susceptible como la mayoría de los políticos, sus réplicas solían estar llenas de una ironía tan bienhumorada que los miembros de ambos partidos no podían evitar reírse y relajarse ante el placer de las entretenidas y bien contadas historias” (Goodwin, 2018, 16). 

En todo se puede distinguir entre el fondo y la forma. Aristóteles habla de sustancia y accidente. Y en muchas ocasiones las formas son muy relevantes, incluso por encima del fondo. Para algunos, la política es crispación y polarización, mientras que siempre es de agradecer el sentido del humor y la buena educación. Lincoln era un líder que utilizaba la ironía como arma política, mientras otros utilizan el bulo, el insulto o la violencia. 

“Deseo vivir, y deseo un lugar y distinción; pero prefiero morir ahora antes que, como el caballero, vivir para ver el día en que cambiaría mis ideas políticas por un cargo que me reportaría 3000 dólares al año, y luego sentirme obligado a erigir un pararrayos para proteger mi conciencia culpable de un Dios ofendido” (Goodwin, 2018, 16).

Estas palabras se referían a alguien que cambió de partido político por un nuevo cargo muy lucrativo. Lincoln reivindica la honestidad y la coherencia con los propios ideales frente al oportunismo político. Vivimos tiempos donde aquellos que se dedican a la política se sienten desprestigiados por los comportamientos de algunos que encuentran en ésta beneficios privados. Al final, todo redunda en alguna de las grandes cuestiones filosóficas: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué es la política?

“Por una votación desproporcionada de 77 contra 6, la Asamblea de Illinois resolvió que “desaprobábamos enérgicamente la formación de sociedades abolicionistas” y considerábamos “sagrado” el “derecho de propiedad sobre los esclavos”. Lincoln fue uno de los que votaron en contra. En una protesta formal, proclamó que “la institución de la esclavitud se basa tanto en la injusticia como en la mala política”. Siempre había creído, y más tarde dijo, que “si la esclavitud no es incorrecta, nada es incorrecto” (Goodwin, 2018, 17). 

La noción de esclavitud se opone a la igual dignidad humana, que es el núcleo de los derechos humanos. Sin embargo, esta institución que convierte en propiedad a unos seres humanos de otros seres humanos ha estado vigente hasta épocas inusualmente cercanas. Aún hoy en día se dan casos de trabajos forzados y tráfico de seres humanos.  La lección de liderazgo de Lincoln es que existen valores donde no se puede transigir, no son negociables. Y, en esas ocasiones, es bueno mantener las convicciones con fortaleza.

“Si bien la ambición de los venerados padres fundadores había estado “íntimamente ligada” a la creación de un gobierno constitucional que permitiera al pueblo gobernarse a sí mismo, Lincoln temía que, en el caos del comportamiento de turba, hombres como “un Alejandro, un César o un Napoleón” probablemente buscarían distinguirse emprendiendo audazmente “la tarea de derribar”. Esos hombres de ego “desmesurado”, cuya ambición estaba alejada de los intereses del pueblo, no eran hombres aptos para liderar una democracia; eran déspotas” (Goodwin, 2018, 19). 

Existe un riesgo de deriva hacia el autoritarismo en diferentes países. Algunos sostendrán que la democracia está mutando. Sin embargo, se debe estar prevenido hacia “los hombres de ego desmesurado”. El Estado de Derecho surge como reacción al poder del rey absolutista. En el enfoque de Locke se enfatiza en la separación de poderes, el poder está limitado y el derecho de resistencia si no se cumple con el Contrato Social. Los líderes carismáticos que acumulan poder son un riesgo para el pluralismo político, la alternancia, los frenos y contrapesos y la vitalidad de una democracia de calidad. 

“Para contrarrestar la problemática ambición de tales hombres, Lincoln hizo un llamamiento a sus compatriotas estadounidenses para que renovaran los valores de los padres fundadores y abrazaran la Constitución y sus leyes. “Que el respeto por las leyes sea inculcado por todas las madres estadounidenses”, enseñado en todas las escuelas y predicado en todos los púlpitos. El gran argumento contra un posible dictador es un pueblo informado “apegado al gobierno y a las leyes”. Este argumento lleva a Lincoln de vuelta a su primera declaración al pueblo del condado de Sangamon, cuando habló de la educación como la piedra angular de la democracia. ¿Por qué es tan importante la educación? Porque, como dijo entonces, todos los ciudadanos deben ser capaces de leer la historia para “apreciar el valor de nuestras instituciones libres” (Goodwin, 2018, 19).

Se hace hincapié en el papel de la educación del pueblo como un prerrequisito de la democracia y como forma de defensa frente ”a un posible dictador”.  Cabe plantearse que la educación y la alfabetización digital se están convirtiendo en elementos que deberían incluirse entre las virtudes que debe tener la ciudadanía. Para poder tomar decisiones autónomas es necesario estar bien informado, entre otras condiciones. Para poder valorar las instituciones libres, es buena la educación para la ciudadanía,  como en los inicios de la democracia, hacían los sofistas frente a los demagogos y los riesgos autoritarios. 

Bibliografía

Goodwin, Doris Kearns (2018), Leadership in Turbulent Times: Lessons from the Presidents, UK: Penguin Books.