Franklin Roosevelt, adversidad y crecimiento

Oscar Pérez de la Fuente

Universidad Carlos III de Madrid

https://orcid.org/0000-0002-3708-846X

Resumen

Franklin D. Roosevelt (1882–1945) fue el 32.º presidente de Estados Unidos (1933–1945) y una figura decisiva en la salida de la Gran Depresión y en la conducción del país durante la Segunda Guerra Mundial. Formado en Harvard y Columbia, y subsecretario de Marina entre 1913 y 1920, se integró en el Partido Demócrata y alcanzó un liderazgo excepcional al ser el único presidente elegido para cuatro mandatos consecutivos. El texto, a partir de un capítulo de Doris Kearns Goodwin, subraya su modo de afrontar la adversidad: el optimismo como estrategia sostenida. En 1921 contrajo una enfermedad que le dejó paralizadas las piernas, lo que obliga a pensar la vulnerabilidad compartida y cómo la discriminación puede atravesar distintas dimensiones de la identidad. También se destaca el papel de Eleanor Roosevelt: su crítica directa, su compromiso moral y su cercanía a activistas ampliaron el horizonte progresista del presidente; la lealtad, se sugiere, implica criticar con empatía y respetar decisiones. En política económica, Roosevelt asumió el liderazgo frente a la inacción y resistencias conservadoras, impulsando medidas “radicales” como el seguro de desempleo y, ya en la presidencia, el Estado social (Welfare State), legitimando la intervención pública para proteger derechos sociales y promover igualdad material.

Palabras clave: adversidad, crítica constructiva, Estado social, lealtad, minoría, optimismo

Franklin Delano Roosevelt nació en Nueva York en el año 1882 y falleció en Warm Springs, Georgia en 1945, ocupó la presidencia de los Estados Unidos entre 1933 y 1945, siendo el trigésimo segundo presidente del país. Era primo lejano del expresidente Theodore Roosevelt y había estudiado en Harvard (además de en la Universidad de Columbia), al igual que él. Fue subsecretario de Marina entre 1913 y 1920, pero, a diferencia de su antecesor, Franklin se unió al Partido Demócrata.

Franklin Roosevelt no fue un presidente más en la historia de los Estados Unidos. No fue únicamente el presidente que logró rescatar a la potencia del norte de América de la crisis económica más grave que ha vivido, tras el crack bursátil de 1929. Fue el único presidente de Estados Unidos en lograr cuatro mandatos presidenciales (y consecutivos), guiar a la nación durante la Segunda Guerra Mundial y encaminar la economía nacional hacia territorios que no se habían explorado antes: el keynesianismo.

Doris Kearns Goodwin dedica un capítulo a Franklin Roosevelt en su libro Leadership in Turbulent Times: Lessons from the Presidents (2018) dedicado a su enfoque acerca de la adversidad y el crecimiento, cuyos fragmentos serán comentados, a continuación, con el estilo de Estrategia Minerva. 

“El optimismo incontenible de Roosevelt, su tendencia a esperar el mejor resultado en cualquier circunstancia, le proporcionó la fuerza fundamental que le ayudó a superar esta traumática experiencia. Desde el principio, se fijó un objetivo: un futuro en el que se recuperaría por completo. Aunque la necesidad le obligó a modificar el calendario para alcanzar esta meta, nunca perdió la convicción de que finalmente lo conseguiría” (Goodwin, 2018, 162). 

En 1921, Roosevelt contrajo una enfermedad que le dejó las piernas paralizadas de forma permanente y tenía que utilizar silla de ruedas. Que uno de los hombres más poderosos de su tiempo fuera en silla de ruedas, puede hacer reflexionar sobre la condición humana referida a la mutua vulnerabilidad. Alguna vez he defendido que todos somos minoría. Esto significa que la experiencia de discriminación y prejuicio en las diversas dimensiones de la identidad no es ajena a la vida de los seres humanos. En alguna de estas dimensiones, estos se sitúan dentro de la minoría y se aprende cómo es la vida siendo zurdo, disléxico o inmigrante. La lección desde el Presidente Roosevelt es que, frente a la adversidad, su estrategia era el optimismo y desde ahí en una incansable lucha frente a las circunstancias en las que se vive y, precisamente, algunas posiciones han visto en esa lucha el sentido de la vida, el componente nuclear de la libertad humana.  

“Eleanor, por supuesto, aportó la dimensión más esencial a la tendencia progresista y la seriedad moral del liderazgo de Franklin Roosevelt. ‘Quizás habría sido más feliz con una esposa que no fuera nada crítica’, observó en sus memorias, y añadió: ‘pero yo nunca fui capaz de serlo’. Era más intransigente, más directa, estaba más involucrada con activistas, cuyos pensamientos desafiaban los límites convencionales” ( Goodwin, 2018, 168).

Eleanor Roosevelt, esposa y compañera de viaje de Franklin Roosevelt, fue un ingrediente esencial para su éxito. La simbiosis entre crítica constructiva y lealtad son componentes que garantizan una relación fructífera. Algunas interpretaciones confunden lealtad con sumisión, mientras que, en otras ocasiones, se realizan críticas que tienen como objetivo central destruir a la otra persona. Ser leal implica saber criticar desde la empatía, poniéndose en el lugar del otro, reforzando así la relación. No obstante, si la otra persona, después de escucharnos, quiere seguir su camino, la lealtad hacia ella implica respetar su decisión. Algo parecido debió sentir John Stuart Mill cuando habla en Sobre la libertad de aconsejar a un amigo que se dirige a un puente, que ya no existe, y supondría su caída.

“Tras esperar durante el invierno y la primavera de 1931 a que el presidente Hoover y la administración republicana tomaran iniciativas federales, Roosevelt decidió a finales del verano ‘asumir el liderazgo y tomar medidas para el estado de Nueva York’. Convocó a la legislatura republicana a una sesión extraordinaria para aprobar lo que se consideraba una idea radical: un programa integral de seguro de desempleo patrocinado por el Estado. Sabía desde el principio que la mayoría republicana podía bloquear su propuesta. Al igual que el presidente Hoover, los líderes republicanos del Estado creían que la empresa privada, la caridad y el gobierno local eran las únicas instituciones capaces de hacer frente al desafío económico. Insistían en que las creencias procedentes de los lejanos niveles del gobierno estatal o federal solo perjudicarían la iniciativa del pueblo estadounidense y empeorarían el problema” (Goodwin, 2018, 178).

Una de las grandes aportaciones de Franklin Delano Roosevelt como presidente de los Estados Unidos fue poner en práctica el Estado social o Welfare State. Este se caracteriza porque el Estado adquiere un papel activo para alcanzar el bienestar de los ciudadanos y está preocupado por la igualdad material de estos. Se protegen derechos sociales, como la educación o la asistencia sanitaria o la Seguridad Social.  

Unos años antes, durante el mandato del Presidente Theodore Roosevelt hubo un precedente de este enfoque en el caso Lochner vs. New Yorkdonde el Estado intervenía para regular el horario de las panaderías. Esto era algo inédito en la historia constitucional norteamericana guiada por la idea de que el Estado debía abstenerse de intervenir en la Economía. Lo interesante es que la mayoría de la Corte Suprema anuló la regulación siguiendo un criterio formalista, basado en variables estrictamente jurídicas. Sin embargo, en un voto disidente el juez Holmes aplicó un enfoque finalista, utilizando argumentos económicos y sociológicos y apoyaba la medida sobre el horario de las panaderías. Años después, la mayoría de la Corte Suprema cambió y se mostró favorable a la intervención del Estado en la Economía. Podríamos recordar a Aristóteles y decir que es interesante concebir cómo el Derecho tiene forma y sustancia.

Bibliografía

Goodwin, Doris Kearns (2018), Leadership in Turbulent Times: Lessons from the Presidents, UK: Penguin Books.