Abraham Lincoln, ambición y reconocimiento del liderazgo

Inicio con este post una serie en el blog Estrategia Minerva dedicada al liderazgo políticoEl primer objeto de análisis será la figura de Abraham Lincoln, quien nació en Hodgenville, Estados Unidos, en 1809 y murió en Washington en 1865. Abogado y político estadounidense que fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861-1865). Siempre evocado como el presidente que abolió la esclavitud, Abraham Lincoln es una de las figuras más admiradas de la historia estadounidense.

Sobre ambición y reconocimiento del liderazgo, Doris Kearns Goodwin dedica un capítulo a Abraham Lincoln en su obra Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents. A continuación, se comentarán fragmentos de este capítulo con el estilo de Estrategia Minerva Blog.

“La forma en que Lincoln respondió a los ataques dirigidos contra él y su partido revela mucho sobre su temperamento y el carácter de su liderazgo en desarrollo. Tal era la ley de la política en la época anterior a la guerra que las discusiones y los debates entre whigs y demócratas atraían regularmente la atención fanática de cientos de personas. Los oponentes se atacaban mutuamente con un lenguaje encendido y abusivo, para gran deleite de un público ruidoso, lo que incitaba a un ambiente que podía estallar en peleas a puñetazos e, incluso, en ocasiones, en tiroteos. Aunque Lincoln era tan susceptible como la mayoría de los políticos, sus réplicas solían estar llenas de una ironía tan bienhumorada que los miembros de ambos partidos no podían evitar reírse y relajarse ante el placer de las entretenidas y bien contadas historias” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

En todo se puede distinguir entre el fondo y la forma. Aristóteles habla de sustancia y accidente. Y en muchas ocasiones las formas son muy relevantes, incluso por encima del fondo. Para algunos, la política es crispación y polarización, mientras que siempre es de agradecer el sentido del humor y la buena educación. Lincoln era un líder que utilizaba la ironía como arma política, mientras otros utilizan el bulo, el insulto o la violencia. 

“Deseo vivir, y deseo un lugar y distinción; pero prefiero morir ahora antes que, como el caballero, vivir para ver el día en que cambiaría mis ideas políticas por un cargo que me reportaría 3000 dólares al año, y luego sentirme obligado a erigir un pararrayos para proteger mi conciencia culpable de un Dios ofendido” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

Estas palabras se referían a alguien que cambió de partido político por un nuevo cargo muy lucrativo. Lincoln reivindica la honestidad y la coherencia con los propios ideales frente al oportunismo político. Vivimos tiempos donde aquellos que se dedican a la política se sienten desprestigiados por los comportamientos de algunos que encuentran en ésta beneficios privados. Al final, todo redunda en alguna de las grandes cuestiones filosóficas: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué es la política?

“Por una votación desproporcionada de 77 contra 6, la Asamblea de Illinois resolvió que “desaprobábamos enérgicamente la formación de sociedades abolicionistas” y considerábamos “sagrado” el “derecho de propiedad sobre los esclavos”. Lincoln fue uno de los que votaron en contra. En una protesta formal, proclamó que “la institución de la esclavitud se basa tanto en la injusticia como en la mala política”. Siempre había creído, y más tarde dijo, que “si la esclavitud no es incorrecta, nada es incorrecto” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

La noción de esclavitud se opone a la igual dignidad humana, que es el núcleo de los derechos humanos. Sin embargo, esta institución que convierte en propiedad a unos seres humanos de otros seres humanos ha estado vigente hasta épocas inusualmente cercanas. Aún hoy en día se dan casos de trabajos forzados y tráfico de seres humanos.  La lección de liderazgo de Lincoln es que existen valores donde no se puede transigir, no son negociables. Y, en esas ocasiones, es bueno mantener las convicciones con fortaleza.

“Si bien la ambición de los venerados padres fundadores había estado “íntimamente ligada” a la creación de un gobierno constitucional que permitiera al pueblo gobernarse a sí mismo, Lincoln temía que, en el caos del comportamiento de turba, hombres como “un Alejandro, un César o un Napoleón” probablemente buscarían distinguirse emprendiendo audazmente “la tarea de derribar”. Esos hombres de ego “desmesurado”, cuya ambición estaba alejada de los intereses del pueblo, no eran hombres aptos para liderar una democracia; eran déspotas” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

Existe un riesgo de deriva hacia el autoritarismo en diferentes países. Algunos sostendrán que la democracia está mutando. Sin embargo, se debe estar prevenido hacia “los hombres de ego desmesurado”. El Estado de Derecho surge como reacción al poder del rey absolutista. En el enfoque de Locke se enfatiza en la separación de poderes, el poder está limitado y el derecho de resistencia si no se cumple con el Contrato Social. Los líderes carismáticos que acumulan poder son un riesgo para el pluralismo político, la alternancia, los frenos y contrapesos y la vitalidad de una democracia de calidad. 

“Para contrarrestar la problemática ambición de tales hombres, Lincoln hizo un llamamiento a sus compatriotas estadounidenses para que renovaran los valores de los padres fundadores y abrazaran la Constitución y sus leyes. “Que el respeto por las leyes sea inculcado por todas las madres estadounidenses”, enseñado en todas las escuelas y predicado en todos los púlpitos. El gran argumento contra un posible dictador es un pueblo informado “apegado al gobierno y a las leyes”. Este argumento lleva a Lincoln de vuelta a su primera declaración al pueblo del condado de Sangamon, cuando habló de la educación como la piedra angular de la democracia. ¿Por qué es tan importante la educación? Porque, como dijo entonces, todos los ciudadanos deben ser capaces de leer la historia para “apreciar el valor de nuestras instituciones libres” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

Se hace hincapié en el papel de la educación del pueblo como un prerrequisito de la democracia y como forma de defensa frente ”a un posible dictador”.  Cabe plantearse que la educación y la alfabetización digital se están convirtiendo en elementos que deberían incluirse entre las virtudes que debe tener la ciudadanía. Para poder tomar decisiones autónomas es necesario estar bien informado, entre otras condiciones. Para poder valorar las instituciones libres, es buena la educación para la ciudadanía,  como en los inicios de la democracia, hacían los sofistas frente a los demagogos y los riesgos autoritarios. 

Basilio de Cesarea, exhortación a los jóvenes

Esta obra tiene un contenido pedagógico para las jóvenes generaciones

 

Basilio fue un pensador y Obispo de Cesarea en el siglo IV d. C. Tiene importantes reconocimientos en la Iglesias ortodoxa, católica y luterana. Es también conocido como Basilio el Magno. Sus obras suelen tener una temática generalmente religiosa. Es un autor que supone una síntesis de Oriente y Occidente y de la cultura clásica y el cristianismo. 

Una de sus obras se titula A los jóvenes. Cómo sacar provecho de la literatura griega . Fue escrita en el 370 d. C. Su título en latín es Oratio ad adolescentes. La intención del autor es explicar algunas ideas de literatura griega -que él consideraba pagana-en aquello que conduzca a la virtud. En sus primeras líneas, Basilio explica su intención una vez había alcanzado cierta edad, de poder con esta obra aconsejar a las nuevas generaciones. Tiene un obvio objetivo pedagógico. Este ensayo destaca por el dominio de las fuentes de la cultura clásica.

En A los jóvenes, Basilio de Cesarea afirma que “no aplaudiremos a los poetas si representan a personajes que insultan o se burlan, o son amantes carnales o están borrachos, o cuando restrinjan la felicidad a un mesa repleta o a cantos disolutos” (A los jóvenes, IV, 4).

Que los artistas muestren lo que es la vida, con su variedad, es algo normal, pero si se está educando a jóvenes para el futuro ¿cabe algún límite a la creación artística? ¿Se puede ser paternalista en cuestiones artísticas? Habitualmente se afirman ciertos límites para los menores de edad y es la responsabilidad de artista que su obra pueda ser  realmente educativa. De los temas mencionados por Basilio, la que debería ser el acicate artístico, debería ser que la felicidad no se limite a una mesa repleta. Salir de la felicidad del consumismo y hacer pensar por sí mismo.

En otro momento, Basilio afirma “en cuanto a los oradores, su habilidad para engañar no la imitaremos. Pues ni en juicios ni en otras actividades no nos conviene la mentira: que hemos elegido el camino recto y verdadero de la vida y no promover juicios está prescrito por ley.” (A los jóvenes, IV, 7).

Esta es una adhesión moral a favor del deber de decir la verdad y contra el engaño. Su vinculación con los oradores está conectado con el enfoque de los sofistas, sabios profesionales que educaban a los ciudadanos para vencer en los debates públicos. Cabe dos comentarios sobre este tema. Uno es el componente cultural del valor de decir la verdad: ya que no es lo mismo mentir en la cultura anglosajona que es considerado una grave ofensa que, en la cultura latina, que es algo bastante más relativizado. La segunda cuestión es el vínculo, desde la Grecia clásica, de la política y los trucos o engaños como muestran el caso de los demagogos, que han renacido en la forma de variados populismos.

Más adelante, en otro pasaje, se puede leer, “no, no hay cosa de la que más deba huir alguien sensato que de vivir pendiente del qué dirán y de tener en cuenta el parecer de la mayoría, y no hacer de la recta razón la guía de la vida: en consecuencia, aunque haya que contradecir a toda la humanidad, tener mala fama y correr peligros en favor del bien, no elegirá remover nada de lo que se juzgue correcto” (A los jóvenes, IX, 27)

Entre los jóvenes es especialmente importante el qué dirán y la opinión de los demás. Hay quién guía su vida basándose en apariencias y ostentar signos externos, pero con poca vivencia interior. Este consejo de Basilio se ha de entender en su conjunto: uno ha de llegar a conocer qué es lo correcto y entonces actuar en consecuencia. Y es en este segundo paso, donde no debe importar la opinión de los demás. Para saber orientarse y encontrar qué es lo bueno cabe consultar a los demás, especialmente a los más cercanos.

Llegar a saber qué es lo correcto es un proceso interior, en el que ayudan especialmente los ejemplos de otras personas.

En A los jóvenes, Basilio afirma “es que, hacer públicamente espléndidos elogios de la virtud y extenderse en largos discursos sobre ella, pero en privado valorar el placer antes que la templanza y el poseer antes que la justicia, eso yo al menos diría que es similar a lo que hacen los que interpretan obras en la escena: muchas veces se meten en el papel de reyes y príncipes, sin ser ni reyes ni príncipes, y acaso sin ser totalmente libres” (A los jóvenes, VI,4).

La hipocresía es esa capacidad de decir un cosa y actuar al contrario. A algunos políticos se les critica por incoherencias entre sus declaraciones públicas y sus acciones privadas. Basilio es incisivo en la crítica ya que se refiere a los exigentes moralistas que no practican sus palabras en acciones. Sin embargo, Elster ha defendido el poder civilizatorio de la hipocresía ya que las interacciones sociales requieren que cierto cemento que puede consistir en ocultar ciertas impresiones.

Más adelante, en este ensayo se afirma, “desde el momento en que el excesivo cuidado del cuerpo es perjudicial para el propio cuerpo y un obstáculo para el alma, cae rendido ante él y ser su esclavo es una locura evidente. En cambio, si nuestra preocupación consistiera en mirarlo con desdén, difícilmente nos entusiasmaría ninguna otra cosa humana” (los jóvenes, IX, 17).

Para los jóvenes el culto al cuerpo se ha convertido en más que una moda y especialmente para los/las que no se incluyen en los modelos estándar supone una especie de estigma. Lo que Basilio propone es considerar el cuerpo desde la moderación, tampoco ignorarlo, o desdeñarlo. Darle su papel, pero no caer en el exceso de atención.

En la parte final, se puede leer que “sería vergonzoso dejar escapar el momento presente y más tarde, antes o después, llamar entre gritos y lamentos al pasado, cuando ya de nada sirva afligirnos” (A los jóvenes, X, 7).

El mayor tesoro de los jóvenes es que tienen la vida por delante y pueden aprender del pasado. Tienen un presente donde prepararse y un futuro por explorar. Algunos consideran que la Humanidad vive un progreso moral. Quizá es una idea discutible, pero es cierto que los jóvenes pueden comprender adecuadamente el legado de generaciones inmediatamente anteriores y trazar una senda donde no repetir errores. Aunque siempre los jóvenes pueden equivocarse y entonces habrá que volver a leer a Basilio de Cesarea.