Nelson Mandela, vida, amor y coraje

Nelson Rolihlahla Mandela nació en Mvezo, Sudáfrica, en 1918, y murió en Johannesburgo en 2013. Activista y político sudafricano que lideró los movimientos contra el apartheid y que, tras una larga lucha y 27 años de cárcel, presidió en 1994, hasta 1999, el primer gobierno sudafricano respetuoso con la igualdad racial, lo que afectaba a la mayoría de la población negra.

Sus negociaciones a principios de la década de 1990 con el presidente sudafricano F. W. de Klerk contribuyeron a poner fin al sistema de segregación racial del apartheid en el país y dieron paso a una transición pacífica hacia el gobierno de la mayoría. Mandela y De Klerk recibieron conjuntamente el Premio Nobel de la Paz en 1993 por sus esfuerzos.

En la serie de posts dedicada al liderazgo, a continuación, se analizarán pasajes del libro de Richard Stengel titulado Mandela’s Way. Fifteen Lessons on Life, Love, and Courage, el estilo de Estrategia Minerva Blog.

“¿Cómo se convirtió este apasionado revolucionario en un estadista moderado? En prisión, tuvo que moderar sus respuestas a todo. Había pocas cosas que un preso pudiera controlar. Lo único que podía controlar, lo único que debíacontrolar, era a sí mismo. No había lugar para arrebatos, autoindulgencia o falta de disciplina. No tenía ningún espacio privado” (Richard Stengel, Mandela’s way. Fifteen Lessons on Life, Love, and Courage, Introducción).

Se alude a un cambio en el carácter de Mandela hacia la moderación debido a su estancia en prisión durante 27 años. Es algo difícil imaginarse cómo adaptarse a un encarcelamiento tan prolongado y qué consecuencias tiene para la manera de ver el mundo. Sí cabe reflexionar sobre el papel de las privaciones en la educación y en el carácter. Las situaciones excepcionalmente malas implican desarrollar mecanismos para hacerles frente y, de esta forma, moldean el carácter. Uno se convierte en virtuoso, actuando virtuosamente. Los hábitos y disposiciones morales que se consolidan haciendo frente a la adversidad, serán el mejor recuerdo, forjando el carácter, que la mala etapa se ha superado.

En una frase atribuida a Aristóteles, se afirma que “las raíces de la educación son amargas, pero sus frutos son dulces”. La moderación se vincula con las virtudes de la prudencia y la templanza. Que los muchos años en prisión de Mandela supusieran que se convirtiese en un hombre de Estado moderado, habla bien de sus valores humanos. Es su forma característica de liderazgo. Otros, en cambio, fomentarían la división con espíritu vengativo.

“La mayoría de la gente diría que Nelson Mandela personifica el coraje. Pero el propio Mandela define el valor de una manera curiosa. No lo ve como algo innato, ni como una especie de elixir que podemos beber, ni como algo que se aprende de forma convencional. Lo ve como la forma en que elegimos ser. Ninguno de nosotros nace valiente, diríamos; todo depende de cómo reaccionamos ante diferentes situaciones” (Richard Stengel, Mandela’s way. Fifteen Lessons on Life, Love, and Courage, 1).

La valentía se demuestra con hechos, no con retórica. En cada biografía puede encontrarse decisiones donde el coraje ha sido utilizado, u omitido, aunque luego se den diversas versiones de los acontecimientos. El coraje se muestra en ocasiones donde las decisiones implicadas entran en tensión con el propio bienestar. Ser valiente se convierte así en el camino difícil y suelen ser menos los que lo eligen.

“Comprendía que una parte —una parte bastante importante— del liderazgo es simbólica, y él era un símbolo espléndido. Pero sabía que no siempre podía estar al frente, y que un gran objetivo podía fracasar a menos que empoderara a otros para liderar. En el lenguaje del baloncesto, quería el balón, pero entendía que tenía que pasárselo a otros y dejarles tirar. Mandela creía sinceramente en las virtudes del equipo y sabía que, para sacar lo mejor de su propia gente, tenía que asegurarse de que participaran en la gloria y, lo que es más importante, de que sintieran que influían en sus decisiones” (Richard Stengel, Mandela’s way. Fifteen Lessons on Life, Love, and Courage, 4).

Una parte esencial del liderazgo consiste en saber cómo compartirlo, aunque suene algo paradójico. Se dan personalidades desbordantes, carismáticas y únicas, pero a fin de cuentas todos somos seres humanos y eso significa tener una condición que tiene límites y depende de circunstancias. Es bueno saber trabajar en equipo y saber delegar. Crear una cultura de trabajo basada en valores compartidos y compartir los éxitos en conjunto y con quien toma decisiones, saber asumir las responsabilidades cuando algo no funciona.  

“Nelson Mandela es un hombre de principios, exactamente uno: igualdad de derechos para todos, independientemente de raza, clase social o género. Casi todo lo demás es táctica. Puede parecer una exageración, pero hasta un punto que muy pocos sospechan, Mandela es un pragmático convencido que estaba dispuesto a transigir, cambiar, adaptarse y perfeccionar su estrategia siempre y cuando eso le llevara a la tierra prometida” (Richard Stengel, Mandela’s way. Fifteen Lessons on Life, Love, and Courage, 6).

Esto me recuerda la cuestión de Max Weber sobre ética y política. La ética de la convicción se basa en ideales y creencias y es para todos. La ética de la responsabilidad se basa en las consecuencias de las acciones y es una ética especial de los políticos. Se plantea la controversia de si en política son compatibles ambas éticas.  El enfoque de Nelson Mandela es que su ética de la convicción le lleva a defender la igualdad de derechos basada en la igual dignidad humana como principio irrenunciable. A su vez, defendía una ética de la responsabilidad, donde los políticos han de evaluar sus acciones en función de sus consecuencias. Y esto implica una elección específica entre medios y fines, una estrategia, elemento clave de la racionalidad política.

Abraham Lincoln, ambición y reconocimiento del liderazgo

Inicio con este post una serie en el blog Estrategia Minerva dedicada al liderazgo políticoEl primer objeto de análisis será la figura de Abraham Lincoln, quien nació en Hodgenville, Estados Unidos, en 1809 y murió en Washington en 1865. Abogado y político estadounidense que fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861-1865). Siempre evocado como el presidente que abolió la esclavitud, Abraham Lincoln es una de las figuras más admiradas de la historia estadounidense.

Sobre ambición y reconocimiento del liderazgo, Doris Kearns Goodwin dedica un capítulo a Abraham Lincoln en su obra Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents. A continuación, se comentarán fragmentos de este capítulo con el estilo de Estrategia Minerva Blog.

“La forma en que Lincoln respondió a los ataques dirigidos contra él y su partido revela mucho sobre su temperamento y el carácter de su liderazgo en desarrollo. Tal era la ley de la política en la época anterior a la guerra que las discusiones y los debates entre whigs y demócratas atraían regularmente la atención fanática de cientos de personas. Los oponentes se atacaban mutuamente con un lenguaje encendido y abusivo, para gran deleite de un público ruidoso, lo que incitaba a un ambiente que podía estallar en peleas a puñetazos e, incluso, en ocasiones, en tiroteos. Aunque Lincoln era tan susceptible como la mayoría de los políticos, sus réplicas solían estar llenas de una ironía tan bienhumorada que los miembros de ambos partidos no podían evitar reírse y relajarse ante el placer de las entretenidas y bien contadas historias” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

En todo se puede distinguir entre el fondo y la forma. Aristóteles habla de sustancia y accidente. Y en muchas ocasiones las formas son muy relevantes, incluso por encima del fondo. Para algunos, la política es crispación y polarización, mientras que siempre es de agradecer el sentido del humor y la buena educación. Lincoln era un líder que utilizaba la ironía como arma política, mientras otros utilizan el bulo, el insulto o la violencia. 

“Deseo vivir, y deseo un lugar y distinción; pero prefiero morir ahora antes que, como el caballero, vivir para ver el día en que cambiaría mis ideas políticas por un cargo que me reportaría 3000 dólares al año, y luego sentirme obligado a erigir un pararrayos para proteger mi conciencia culpable de un Dios ofendido” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

Estas palabras se referían a alguien que cambió de partido político por un nuevo cargo muy lucrativo. Lincoln reivindica la honestidad y la coherencia con los propios ideales frente al oportunismo político. Vivimos tiempos donde aquellos que se dedican a la política se sienten desprestigiados por los comportamientos de algunos que encuentran en ésta beneficios privados. Al final, todo redunda en alguna de las grandes cuestiones filosóficas: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué es la política?

“Por una votación desproporcionada de 77 contra 6, la Asamblea de Illinois resolvió que “desaprobábamos enérgicamente la formación de sociedades abolicionistas” y considerábamos “sagrado” el “derecho de propiedad sobre los esclavos”. Lincoln fue uno de los que votaron en contra. En una protesta formal, proclamó que “la institución de la esclavitud se basa tanto en la injusticia como en la mala política”. Siempre había creído, y más tarde dijo, que “si la esclavitud no es incorrecta, nada es incorrecto” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

La noción de esclavitud se opone a la igual dignidad humana, que es el núcleo de los derechos humanos. Sin embargo, esta institución que convierte en propiedad a unos seres humanos de otros seres humanos ha estado vigente hasta épocas inusualmente cercanas. Aún hoy en día se dan casos de trabajos forzados y tráfico de seres humanos.  La lección de liderazgo de Lincoln es que existen valores donde no se puede transigir, no son negociables. Y, en esas ocasiones, es bueno mantener las convicciones con fortaleza.

“Si bien la ambición de los venerados padres fundadores había estado “íntimamente ligada” a la creación de un gobierno constitucional que permitiera al pueblo gobernarse a sí mismo, Lincoln temía que, en el caos del comportamiento de turba, hombres como “un Alejandro, un César o un Napoleón” probablemente buscarían distinguirse emprendiendo audazmente “la tarea de derribar”. Esos hombres de ego “desmesurado”, cuya ambición estaba alejada de los intereses del pueblo, no eran hombres aptos para liderar una democracia; eran déspotas” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

Existe un riesgo de deriva hacia el autoritarismo en diferentes países. Algunos sostendrán que la democracia está mutando. Sin embargo, se debe estar prevenido hacia “los hombres de ego desmesurado”. El Estado de Derecho surge como reacción al poder del rey absolutista. En el enfoque de Locke se enfatiza en la separación de poderes, el poder está limitado y el derecho de resistencia si no se cumple con el Contrato Social. Los líderes carismáticos que acumulan poder son un riesgo para el pluralismo político, la alternancia, los frenos y contrapesos y la vitalidad de una democracia de calidad. 

“Para contrarrestar la problemática ambición de tales hombres, Lincoln hizo un llamamiento a sus compatriotas estadounidenses para que renovaran los valores de los padres fundadores y abrazaran la Constitución y sus leyes. “Que el respeto por las leyes sea inculcado por todas las madres estadounidenses”, enseñado en todas las escuelas y predicado en todos los púlpitos. El gran argumento contra un posible dictador es un pueblo informado “apegado al gobierno y a las leyes”. Este argumento lleva a Lincoln de vuelta a su primera declaración al pueblo del condado de Sangamon, cuando habló de la educación como la piedra angular de la democracia. ¿Por qué es tan importante la educación? Porque, como dijo entonces, todos los ciudadanos deben ser capaces de leer la historia para “apreciar el valor de nuestras instituciones libres” (Doris Kearns Goodwin, Leadership in Turbulent Times. Lessons from the Presidents).

Se hace hincapié en el papel de la educación del pueblo como un prerrequisito de la democracia y como forma de defensa frente ”a un posible dictador”.  Cabe plantearse que la educación y la alfabetización digital se están convirtiendo en elementos que deberían incluirse entre las virtudes que debe tener la ciudadanía. Para poder tomar decisiones autónomas es necesario estar bien informado, entre otras condiciones. Para poder valorar las instituciones libres, es buena la educación para la ciudadanía,  como en los inicios de la democracia, hacían los sofistas frente a los demagogos y los riesgos autoritarios. 

Las cualidades de un líder resonante

El líder resonante sintoniza con los sentimientos de las personas
El líder resonante sintoniza con los sentimientos de las personas

 

Los temas vinculados con el liderazgo han recibido un interés creciente. Daniel Goleman, Richard Boyatzis y Annie McKee en su obra “El líder resonante crea más” aplican los principios de la inteligencia emocional a las cualidades necesarias para ser un líder con éxito.

La idea básica es que un buen líder tiene que saber gestionar las emociones adecuadamente y, en su visión, esa es su principal tarea. Debería funcionar como un imán emocional -que disipa la bruma de las emociones tóxicas y canaliza las emociones del grupo en una dirección positiva-.

Los estados de ánimo positivos demuestran ser especialmente importantes en el ámbito del trabajo en equipo. En este sentido, la capacidad del líder para inducir un estado de ánimo positivo y cooperativo resulta fundamental para determinar el éxito del grupo. Cuando, por el contrario, los problemas emocionales socavan la atención del grupo y la alejan de la tarea común, el rendimiento se ve notablemente disminuido. Es algo fácilmente comprobable que las personas trabajan mejor cuanto mejor se sienten.

Estos autores describen al liderazgo disonante como el que se halla tan desconectado de los sentimientos del grupo, que moviliza sus emociones negativas y lo sume en una espiral descendiente, que comienza en la frustración y termina abocando en el resentimiento el temor y la rabia. Mientras el liderazgo resonante sintoniza con los sentimientos de las personas y los encauza en una dirección emocionalmente positiva.

Los lideres emocionalmente inteligentes alientan en sus subordinados cierto grado de bienestar que les lleva a compartir ideas, aprender los unos de los otros, asumir decisiones grupales y permitir, en suma, que las cosas funcionen. Goleman, Boyatzis y Mackee añaden “no queremos decir que las tareas principales de un líder sean las de generar excitación, optimismo y pasión por el trabajo, sino alentar un clima de cooperación y confianza que sólo es posible mediante la inteligencia emocional.”

Habría una visión que disocia el desarrollo profesional de los sentimientos. Cuando, en ocasiones, algunos problemas profesionales están precisamente causados por elementos emocionales mal resueltos. Reconocer que existen aspectos emocionales implicados es el primer paso para encontrar una buena solución. Ser un buen líder significa gestionar bien las emociones. De tal forma que, en cada situación, pueda alcanzarse lo mejor de cada ser humano, desde su convencimiento y en coherencia con sus mejores emociones. Para conseguir este objetivo, es necesario realizar un mapa de los elementos de la inteligencia emocional como proponen Goleman, Boyatzis y Mackee:

La conciencia de uno mismo

 La autoconciencia consiste en la comprensión profunda de nuestras emociones, así como también de las propias fortalezas, limitaciones, valores y motivaciones. Es importante conocer las propias emociones si esto puede condicionar nuestro comportamiento y nuestra visión de los demás.

El lema “conócete a ti mismo”, que estaba en el templo de Apolo en Delfos, incide en el primer nivel para la acción futura y las posibles estrategias. Conocer bien las propias emociones y saber comprender las emociones ajenas. En ocasiones, se dan problemas por conflictos emocionales que no se reconocen a primera vista.

También es relevante, como segundo paso, valorar los elementos de confianza en uno mismo y en las propias capacidades. No dejarse caer por la soberbia, pero saber valorar adecuadamente las propias capacidades. En Teoría de la Negociación, es útil hablar en términos de Zona de Posible Acuerdo –ZOPA-, que  se establece entre los dos BATNA –Mejor Alternativa a No Negociar, por sus siglas en inglés- de las partes. Si alguien puede conseguir algo sin intervención de la otra parte, seguramente no acudirá en su busca. En la medida que alguien es necesario para determinado objetivo, se incrementa su relevancia estratégica y negocial.

Autogestión

El autocontrol emocional comprende la capacidad de manejar adecuadamente las emociones e impulsos conflictivos. El tercer nivel es saber gestionar las emociones implicadas en un entorno organizativo, ya sea en escenarios de cooperación, de conflicto o mixtos. Especialmente relevante es afrontar la emociones negativas y los conflictos, reconociendo su influencia en un determinado momento y moderando sus efectos.

La transparencia implica sinceridad, integridad y responsabilidad. Las estrategias a corto plazo podrían buscar ventajas en la mentira y la falta de honradez, según un modelo ético maquiavélico. A medio y largo plazo, las estrategias más exitosas se basan en valores sólidos y madurados, que impliquen actuar íntegramente y con responsabilidad. Esta visión está cerca del modelo ético deontológico y del modelo ético virtuoso.

Competencia social

La empatía se relaciona con la capacidad de experimentar las emociones de los demás, comprender su punto de vista e interesarnos activamente por las cosas que les preocupan. No somos “islas remotas”, vivimos en sociedad y para conseguir determinados objetivos la intervención de los demás es necesaria. Desde una visión egoísta o desde la perspectiva altruista, ponerse en el lugar del otro es un ejercicio recomendable de aprendizaje ético. Y también estratégico, ya que  podemos conseguir determinados objetivos propuestos precisamente con la intervención de los demás.

Gestión de las relaciones

El liderazgo inspirado implica la capacidad de esbozar visiones claras y convincentes que resulten altamente motivadoras.  Es lo que se espera de un buen líder: que sea una buena brújula en la dirección correcta, eliminando cabalmente tensiones emocionales y generando sinergias positivas con todos los participantes en los planes de una organización.