En el estudio preliminar de Manuel Martín Rodríguez de la obra Arcano de Príncipes en la edición del Centro de Estudios Constitucionales, se sostiene que fue Cánovas del Castillo el primero en hablar de un manuscrito anónimo verdadero precursor de Malthus. Como explica Robert S. Smith en el artículo “Maltusianismo español del siglo XVII”: “en una búsqueda reciente en la Biblioteca Nacional de Madrid se ha encontrado el manuscrito intitulado Arcano de Príncipes, que evidentemente es el trabajo consultado por Cánovas del Castillo, aunque no es la copia que él utilizó. El manuscrito de la Biblioteca Nacional lleva el nombre de su autor, el Capitán Vicente Montano y está fechado en 19 de septiembre de 1681”.
Y Smith añade: “el Arcano de Príncipes no es un tratado sobre población, sino una compilación de preceptos políticos comparable a los escritos de Maquiavelo, Bodino y (entre los españoles) de Saavedra Fajardo. El ensayo está dedicado al duque de Medinaceli, chambelán y primer ministro de Carlos II”. Una vez más, la Filosofía política está cerca del poder, aunque no lo ostenta, y busca proveer los mejores consejos para el ejercicio de las responsabilidades públicas, una combinación fructífera entre Teoría y Práctica.
A continuación, se comentarán fragmentos de la obra Arcano de Príncipes, de Vicente Montano, al estilo de Estrategia Minerva Blog.
“La ocupación más cierta, y que trae a los príncipes la utilidad para cuyo fin la intentan, es emprender una guerra tan pronto como la plebe entra a discurrir del Gobierno, pues, contentándose solamente con hablar de las cosas pertenecientes al estado público, extiende su curiosidad a la abundancia, ya que, emprendida aquella, suele mercar cotidianamente el sustento, y de esta forma, teniendo ociosamente qué comer, y siendo sus pensamientos bajos y viles, jamás levanta el ánimo a cosas sublimes y penosas que puedan dar cuidado a sus Príncipes. Bien comprendió el sátiro Juvenal, en dos palabras, la forma que se debe usar para mantenerla más gustosa, que es darle pan y fiestas, sentencia que a todos los dominios se ajusta” (Vicente Montano, Arcano de Príncipes).
¡Qué bellamente expresado en estas líneas el universal principio de «panem et circenses» (pan y circo)! Parece que en Roma ya sabían cómo manipular al pueblo con base a sus apetitos. El punto incisivo que propone el Capitán Montano es que la forma que tenía de entretener al pueblo era haciendo una guerra, que ocupara grandemente sus conversaciones, combinado con la abundancia de comida, resultaba en los mínimos problemas para el gobierno. Una receta universal para la política, desde Juvenal.
“El presente Rey de Francia, habiendo reconocido que los gobiernos perpetuos que gozaban los Príncipes de la sangre habían servido otras veces de apoyo para dar mayor rigor a las inquietudes del Reino, ha dividido en otra forma las provincias, variando sus gobernadores y mudándolos cuando le parece convenir. Los Próceres de una monarquía no deben perpetuarse en el gobierno de las provincias, porque cuando se les destina un nuevo sucesor hallan grande repugnancia en desistirse del mando” (Vicente Montano, Arcano de Príncipes).
Ostentar una responsabilidad pública durante muchos años otorga una gran experiencia a las personas titulares, sin embargo, como se suele advertir, existe un mayor riesgo para la corrupción. Si el constitucionalismo surgió como el enfoque que buscaba afirmar que todo poder tenía límites frente al absolutismo, la democracia implica que los cargos públicos deban rendir cuentas de su gestión. Esto significa explicar las acciones emprendidas, justificarlas y ser premiado o castigado por las mismas. Esto se vincula con la transparencia y rendición de cuentas como características inherentes a una democracia de calidad.
“Son muchas las trazas, máximas y estratagemas de que puede servirse el Príncipe para dar a entender al mundo que todo cuanto hace lo funda en razón y justicia, sin que el vulgo alcance a penetrar ninguna de sus operaciones, engañando también a los más sabios y prudentes para que no reconozca lo ambiguo de sus intentos por grandes que sean, vistiendo sus discursos de palabras oscuras y conceptos profundos, aun cuando parezca que se da claramente a entender” (Vicente Montano, Arcano de Príncipes).
Este párrafo parece escrito por Maquiavelo, del cual se realizan varias posibles interpretaciones, más, elitistas o republicanas. Una posible lectura del enfoque del autor de El Príncipe es que recomienda a los gobernantes un ejercicio de simulación y disimulación para lograr sus objetivos prefijados y sin vínculo necesario con la moral. Es la racionalidad política, que tiene sus propias reglas y sería autónoma de la ética y la religión. En este párrafo del Arcano de Príncipes se intuye al Maquiavelo maquiavélico aconsejar de forma descarnada.
“Y salvo algún ministro de la primera suposición, en quien alivia el peso del gobierno, los demás subalternos han de vivir tan ciegos como la plebe más ínfima. Pero para vendar totalmente los ojos de los vasallos, y que crean que el Príncipe está desvelándose al mayor bien y quietud de ellos, los ha de alhagar con la paz que tanto han deseado durante la guerra, sin que puedan penetrar con este engaño, ya habiendo turbado la paz por el deseo de guerra, no puede dejar la guerra por el celo de la paz, porque en ésta no mueren los vasallos sino atendiendo a los méritos de sus delitos, pero, con aquella, inocentes y culpables corren una misma fortuna” (Vicente Montano, Arcano de Príncipes).
En estas líneas de Vicente Montano, se combinan dos variables, el papel de la verdad en política y el uso estratégico de la guerra y la paz. Como se ha mencionado, el Arcano de Príncipes está en la línea maquiavélica, donde la conveniencia política, y entre ellas, la principal de mantenerse en el poder, debe guiar las acciones del gobernante. Públicamente debe mantener una posición irreprochable y convincente, fruto de la hipocresía hacia sus verdaderos intereses. Utilizar la guerra y la paz dentro del cálculo político es lamentable, pero común. Las guerras suelen provocar muchas víctimas y daños irreparables y sería deseable que, en situaciones excepcionales, se dieran respuestas excepcionales. Pero este punto de vista no siempre es compartido.



