
Oscar Pérez de la Fuente
Carlos III University of Madrid
https://orcid.org/0000-0002-3708-846X
Abstract
Este artículo examina la cuarta regla del método del Proyecto de Negociación de Harvard de Fisher y Ury: insistir en criterios objetivos en lugar de ceder a la presión. Sostiene que la negociación debe entenderse como un proceso de justificación en el que las partes buscan acuerdos inteligentes y justos basados en principios, precedentes y normas compartidas que sean independientes de sus preferencias inmediatas. El artículo analiza las dos cuestiones centrales que plantea esta regla: cómo se identifican los criterios objetivos y cómo deben utilizarse en la práctica. En respuesta, destaca la necesidad de criterios que sean legítimos, prácticos y aceptables para ambas partes, al tiempo que subraya que su autoridad no debe depender únicamente del poder de negociación. El análisis relaciona además este enfoque con la idea de Jon Elster sobre la función civilizadora de la hipocresía, mostrando cómo los llamamientos a la imparcialidad pueden disciplinar el interés propio y crear un espacio argumentativo que puede beneficiar a las partes más débiles. Por último, el artículo defiende la opinión de que la negociación basada en principios ofrece una alternativa constructiva a la negociación posicional, las amenazas y la manipulación. Al fomentar la apertura a la razón y la deliberación conjunta, presenta el acuerdo no como una conquista, sino como una tarea cooperativa orientada al beneficio mutuo.
Palabras clave: intereses, racionalidad, criterios obejtivos, prudencia
ISSN: 3127-3416
https://doi.org/10.67647/estrategiaminerva.2013.14
La cuarta regla del Método del Proyecto de Negociación de Harvard de Fisher y Ury se basa en la relevancia de los acuerdos basados en principios y en no ceder a la presión. Las negociaciones deberían ser escenarios para desarrollar buenos argumentos y se debería estar abierto a la razón, pero cerrado a las amenazas.
En la obra Obtener el sí. Como negociar sin ceder, Fisher y Ury señalan que el objetivo de las negociaciones es llegar a acuerdos inteligentes e imparciales y una buena forma de conseguirlo es acudir a principios establecidos, precedentes o prácticas de la comunidad. Estos tienen un poder de atracción inusitado cuando las partes deben ponerse de acuerdo (Fisher, Ury, 1988, 88-89).
En este punto cabe plantearse dos cuestiones: “¿Cómo desarrolla Vd. criterios objetivos?” y el segundo, “¿Cómo los usa Vd. en la negociación?”. Sobre la primera cuestión, Fisher y Ury consideran que los criterios objetivos necesitan ser independientes de la voluntad de cada parte y necesitan ser legítimos y prácticos. Estos criterios vendrían a cumplir una función de anclaje en la negociación y su legitimidad sería independiente de las partes.
Aquí cabe hacer una reflexión sobre algo en lo que ha incidido el filósofo Jon Elster que denomina la función civilizatoria de la hipocresía donde la parte más poderosa defiende argumentos con el lenguaje de la imparcialidad, donde de hecho apela a sus propios intereses. Elster considera que, a pesar de todo, este ejercicio de convertir los argumentos en el lenguaje de la imparcialidad favorece a las minorías.
El Método de Negociación de Harvard sostiene que se debe enmarcar cada tema como la búsqueda conjunta de un criterio objetivo. Para conseguir esa imparcialidad del método es importante insistir en compartir las búsqueda. El ejemplo clásico es el de dos personas que se quieren repartir una tarta. El método imparcial es que uno parta el pastel y el otro elija el trozo que más le guste. Esto garantiza el acuerdo con el reparto final.
Las negociaciones suelen ser más complejas y acostumbran a incorporar la dimensión de precio. En la búsqueda conjunta de un criterio objetivo, un cuestión relevante podría ser preguntarse la teoría detrás del precio. En las compraventas habitualmente la teoría del precio se basa en las diversas ofertas y demandas alternativas, que están en el mercado, a la específica propuesta de la otra parte. Esto aumenta o disminuye el poder de negociación de las partes y da argumentos para sus posibles demandas.
Lo relevante es construir un ámbito de deliberación con la otra parte para ver los argumentos a favor o en contra de cada posibilidad. Fisher y Ury recomiendan que ”razone y sea abierto a razonar sobre qué principios son más apropiados” (Fisher, Ury, 1988, 92-94). Hablar sobre los principios, que subyacen a las posiciones, tiene mayor poder de convicción. Los negociadores deben estar abiertos a persuasión razonada sobre los méritos de cada visión.
Este enfoque para llegar a acuerdos inteligentes e imparciales es una alternativa atractiva de las negociaciones basadas en posiciones, amenazas o desinformación. En este sentido, Fisher y Ury sostienen que “nunca ceda a presión, sólo a principios.” La mejor forma de conseguir que la otra parte haga algo no es obligándola, por la fuerza, sino convenciéndola con buenos argumentos en qué sentido la acción requerida también es de su interés.
Las negociaciones son, desde esta perspectiva, ámbitos de persuasión que se basarían en la combinación de dos premisas: a) Estar abierto a razón; b) La insistencia de una solución basada en un criterio objetivo.
Esta es la última regla del Método de Negociación de Harvard. El enfoque de Fisher y Ury permite abordar las negociaciones desde una visión constructiva y cooperativa. Donde se considera que llegar a un buen acuerdo es una tarea conjunta de ambas partes donde se deberían explorar bien la diversas posibilidades y deliberar sobre los argumentos tras los intereses de las partes. Por que, a veces, obtener el sí no es una conquista en territorio enemigo, sino una tarea más cooperativa de sentar las bases de mutuos beneficios.
Bibliografía
Fisher, Roger, Ury, William (1988), Getting to yes. Negotiating Agreement Without Giving In, New York: Penguin Books









