Oscar Pérez de la Fuente
Universidad Carlos III de Madrid
https://orcid.org/0000-0002-3708-846X
Abstract
Este texto examina la distinción entre la buena y la mala razón de Estado en el pensamiento de Pedro de Rivadeneira, a partir del comentario de pasajes de su tratado sobre las virtudes del príncipe cristiano. El análisis aborda su crítica a Maquiavelo, centrada en la subordinación de la religión a la conservación del poder y en el empleo de la simulación como instrumento político. Frente a esta concepción, Rivadeneira defiende una razón de Estado fundada en los principios de la religión católica, que deben orientar tanto los fines del gobierno como los medios utilizados para alcanzarlos. Se consideran dos interpretaciones de esta propuesta: una que entiende que únicamente sustituye el objetivo político por uno religioso, manteniendo la lógica instrumental maquiavélica, y otra que reconoce límites morales a la actuación del gobernante. Asimismo, se analiza la prudencia como virtud rectora de la acción política, vinculada con la valoración de las consecuencias y la búsqueda del bien común. Finalmente, se destaca la importancia del consejo de personas sabias, leales e independientes y de una deliberación seria para adoptar decisiones políticas. El texto plantea así la relación entre religión, legitimidad de los medios y virtudes del gobierno en la discusión sobre razón de Estado.
Palabras clave: razón de Estado, prudencia política, sabiduría política, lealtad
ISSN: 3127-3416
https://doi.org/10.67647/estrategiaminerva.2026.10
Pedro de Rivadeneira nació en Toledo en 1526 y murió en Madrid en 1611. Fue jesuita (SI), teólogo, filósofo, historiador eclesiástico y escritor espiritual. En su vida realizó diversas misiones eclesiásticas, políticas y diplomáticas vinculadas con la Compañía de Jesús. Es conocido por su biografía de Ignacio de Loyola, que “es considerada la obra maestra de la hagiografía renacentista” (Pego Puigbó, 2022).
Rivadeneira también escribió un tratado de teoría política, titulado “Tratado de la religión y virtudes que debe tener el Príncipe cristiano, contra lo que Maquiavelo y políticos de este tiempo enseñan” (1595), con “el que formar al ‘príncipe cristiano’ frente a quienes querrían aplicar la ‘razón de Estado’ esgrimida por Maquiavelo” (Pego Puigbó, 2022).
A continuación, se comentarán pasajes de este tratado de teoría política de Pedro de Rivadeneira siguiendo el estilo de Estrategia Minerva.
“Nicolás Maquiavelo fue hombre que dio mucho al estudio de la policía y gobierno de la república y de aquella que comúnmente llaman razón de Estado. Escribió algunos libros, en que enseña esta razón de Estado, y forma un príncipe valeroso y magnánimo, y le da los preceptos y avisos que debe guardar para conservar y amplificar sus estados. Pero, como él era hombre impío y sin Dios, así su doctrina (como agua derivada de fuente inficionada) es turbia y ponzoñosa, y propia para atosigar a los que bebieron de ella. Porque, tomando por fundamento que el blanco al que siempre debe mirar el príncipe es la conservación de su Estado, y que para este fin se ha de servir de cualquiera medios, malos o buenos, justos o injustos, que le puedan aprovechar, pone entre estos medios el de nuestra santa religión, y enseña que el príncipe no debe tener más cuenta con ella de lo que conviene a su Estado, y que para conservarlo debe algunas veces mostrarse piadoso aunque no lo sea, y otras abrazar cualquier religión, por desatinada que sea” (Rivadeneira, 1998, 6).
En estas líneas, Rivadeneira critica a Maquiavelo y la noción de razón de Estado. Su crítica parece dirigirse al principio el “fin justifica los medios” atribuido al autor florentino, aunque esta formulación no aparece literalmente en ninguna de sus obras. Rivadeneira sí resalta el aspecto hipócrita: el arte de la simulación y disimulación que todo buen maquiavélico debe desarrollar para el éxito de sus objetivos. El párrafo plantea así el dilema político y ético de la razón de Estado: si el fin es la conservación de Estado ¿cuáles son los medios adecuados y legítimos para alcanzarlo?
“Pero que esta razón de Estado no es una sola, sino dos: una falsa y aparente, otra sólida y verdadera; una engañosa y diabólica, otra cierta y divina; una que del Estado hace religión, otra que de la religión hace Estado; una enseñada de los políticos y fundada en vana prudencia y en humanos y ruines medios, otra enseñada de Dios, que estriba en el mismo Dios y en los medios que Él, con su paternal providencia, descubre a los príncipes y les da fuerza para usar bien de ellos, como Señor de todos los Estados. Pues lo que en este libro pretendemos tratar es la diferencia que hay entre estas dos razones de Estado, y amonestar a los príncipes cristianos y a los consejeros que tienen cabe sí, y a todos los otros que se precian de hombres de Estado, que se persuadan que Dios sólo funda y los da a quien es servido y los establece, amplifica y defiende a su voluntad, y que la mejor manera de conservarlos es tenerle grato y propicio, guardando su santa ley, y obedeciendo a sus mandamiento respetando a su religión y tomando todos los medios que ella nos da o que no repugnan a lo que ella nos enseña, y que ésta es la verdadera, cierta y segura razón de Estado, y la de Maquiavelo y de los políticos es falsa, incierta y engañosa” (Rivadeneira, 1998, 11-12).
Este es el núcleo del pensamiento de Rivadeneira y su aportación original: la distinción entre la mala y la buena razón de Estado. La primera, que proviene de Maquiavelo, es “falsa, incierta y engañosa”; y la segunda se ajusta a los principios de la religión y la Iglesia católica.
No obstante, pareciendo un crítico frontal de Maquiavelo, según se puede argumentar, Rivadeneira no lo sería tanto: si el objetivo es la religión, cualquier medio sí estaría justificado. Critica los objetivos, pero la estructura de la razón de Estado maquiavélica quedaría intacta. Según otra interpretación, no todo vale y existen medios ilegítimos, ilegales e inmorales que no se deben utilizar, siendo así esto más coherente con los principios de la religión, que es el objetivo que Rivadeneira defiende. Sin embargo, esta interpretación alternativa diluye la forma habitual de comprender la razón de Estado.
“Pero la guía y maestra de todas las virtudes morales del príncipe cristiano debe ser la prudencia, que es la que rige y da su tasa y medida a todas las demás” (Rivadeneira, 1998, 13).
Aristóteles consideraba que la prudencia (phronesis) era una virtud entre las virtudes, pues debía guiar la racionalidad práctica de los seres humanos. Habitualmente, se asocia a la moderación frente a los excesos. En política, la prudencia apela a valorar las consecuencias previsibles de las decisiones de los gobernantes; pero desde el prisma del bien común, no del beneficio propio.
“Mas sobre todas las cosas, después de Dios, ayuda al príncipe cristiano el consejo de hombres sabios, fieles y celosos de su servicio y del bien público, los cuales debe tener siempre a su lado, si quiere acertar, y consultar con ellos no las cosas ligeras y fáciles y de que se tiene mucha noticia y experiencia, sino las graves y dificultosas excusas; porque sin este consejo y dirección el príncipe se pondrá en gran peligro de perderse a sí y a sus reinos” (Rivadeneira, 1998, 15).
La sabiduría y la lealtad son virtudes que juegan un papel en política. Es bueno que, a la hora de tomar decisiones, los gobernantes se dejen aconsejar por personas con experiencia, independientes, con criterio propio, más que acudir a aquellos que solo saben elogiar a los que tienen poder. Las decisiones políticas deben ser fruto de deliberaciones serias, prudentes, tomadas en un tiempo razonable.
Bibliografía
Armando Pego Puigbó (2022,) Voz “Pedro de Rivadeneira”, Real Academia de Historia, Historia Hispánica, Disponible:
https://historia-hispanica.rah.es/biografias/38741-pedro-de-ribadeneira (consultado: 24-10-26).
Rivadeneira, Pedro de (1998), “Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano, contra lo que Maquiavelo y políticos de este tiempo enseñan”, Castillo Vegas, Javier, Marcano Buenaga, Enrique, Peña Echevarría, Javier, Santos López, Modesto (eds.), La razón de Estado en España. Siglos XVI-XVII (Antología de textos), Madrid: Tecnos, pp. 6-20.











