Oscar Pérez de la Fuente
Universidad Carlos III de Madrid
https://orcid.org/0000-0002-3708-846X
Abstract
Este trabajo analiza la figura de Antonio Pérez y su pensamiento político a partir de varios pasajes de Las obras y relaciones de Antonio Pérez, incluidos en El arte de gobernar. Antología de textos filosófico-políticos siglos XVI-XVII. Tras una breve contextualización biográfica, marcada por su ascenso en la corte de Felipe II, su implicación en el caso Escobedo y su posterior caída y exilio, el texto examina algunas de sus reflexiones sobre el ejercicio del poder, la legitimidad monárquica y la prudencia en el gobierno. A través de sus advertimientos, Antonio Pérez critica los abusos del poder absoluto y defiende una concepción limitada y responsable de la autoridad, vinculada al prestigio de las instituciones y al favor del pueblo. Asimismo, se subraya la relación entre teoría y práctica política, así como la relevancia de las virtudes personales de los gobernantes frente al mero cálculo estratégico. Finalmente, el comentario conecta estas ideas con debates contemporáneos sobre liderazgo, populismo, comunicación política y búsqueda del bien común, mostrando la vigencia de estas reflexiones en el análisis actual de la política y la gobernanza.
Palabras clave: arte de gobernar, legitimidad en ejercicio, spin doctors, demagogia, bien común
Antonio Pérez del Hierro nació en 1540 en Madrid y murió en 1611 en París, Francia. Fue hijo de Gonzalo Pérez, que fue secretario de Estado de Felipe II, y probablemente de Juana Escobar y Tobar. Cuando esta engendró a Antonio, su padre debía ser ya clérigo y la madre, una mujer casada. Algunos consideran, por tanto, que fue un hijo ilegítimo y sacrílego.
Cuando murió su padre en 1556, pasó a ocupar su lugar en la secretaría real, primero de forma interina, siendo confirmado en la misma en 1567. Su declive político tuvo que ver con la instigación al asesinato en 1578 de Juan de Escobedo, quien era secretario de don Juan de Austria, hijo natural de Carlos I. Los entresijos cortesanos, dobles juegos y secretos inconfesables asociados a este acontecimiento supusieron un lento ocaso para Antonio Pérez, quien, además, fue perseguido por el Tribunal de la Inquisición y acabó sus días exiliado en París.
A continuación, se comentarán pasajes de algunas cartas escritas por Antonio Pérez de su obra “Las obras y relaciones de Antonio Pérez”, recogidas por J. A. Santos Herrán y M. Santos López en el libro titulado El arte de gobernar. Antología de textos filosófico-políticos siglos XVI-XVII (2008), al estilo de Estrategia Minerva.
“Es de un grave consejero, que dijo al rey don Felipe II, no menos sobre diversos golpes que le iba dando en diversas ocasiones, viendo que le iban encaminando a la libertad del poder absoluto. Señor, tened quedo, templaos, reconoced a Dios en la tierra como en el cielo, que no se canse de las monarquías (suave gobierno, si suavemente usan de él) y las baraje todas picado del abuso del poder humano” (Pérez, 2008, 51).
Estas líneas pueden interpretarse como evocando los temas clásicos del poder absoluto y los roles de las autoridades de los poderes civil y divino, en el contexto de la legitimidad de origen –“¿cómo se llegó al poder?”- y la legitimidad en ejercicio –“¿cómo se ejerce ese poder?”-. La gran lección de Antonio Pérez es que el poder humano es limitado y se ha de ejercer sin cometer abusos. La legitimidad de las monarquías -“suave gobierno”- proviene de que su poder se ejerza desde la ejemplaridad e, incluso, el carisma y fomentando el prestigio de las instituciones.
“Lo que dije en el X Advertimiento es que deberían tener los príncipes algún personaje de buen natural, de prudencia, de noticias de reinos y reyes, amado en general, a quien en particular cometiesen el cuidado de los mal contentos” (Pérez, 2008, 51).
La teoría y la práctica de la política han estado entrelazadas de diversas formas. Actualmente, los spin doctors o asesores de comunicación política, parecen dictar las instrucciones a los políticos sobre lo que les conviene hacer o decir para el mayor rédito electoral. Desde el precedente de Maquiavelo, se afirma que, si se obtienen buenos resultados, los medios utilizados serán siempre alabados. No obstante, desde otras posiciones se rechaza este pragmatismo político y se aboga por que es deseable una política desde convicciones morales.
“Pues que si este cuidado cae en persona, que tenga la gracia del cielo con las gentes, que es una de las calidades que dije arriba; no hay antídoto tan general ni tan natural contra venenos de la vida humana, como esta parte contra los venenos de la conservación de los reinos y reyes. Dije gracia del cielo y natural, porque no la pueden dar ni quitar los príncipes que es don de arriba, aunque puedan dar el respeto del pueblo, que resulta de su favor. Bien se ve al ojo cada día la experiencia de esto. No basta toda la autoridad que un rey da a un ministro, no solo para que sea amado, pero para que deje de ser odiado; como ni los disfavores, ni las persecuciones abiertas para que el que tiene la gracia natural de las gentes no sea amado y estimado” (Pérez, 2008, 52).
En estas líneas, se alude al favor del pueblo como una cualidad natural de determinadas personas, más allá de la autoridad del rey. La conservación del reino, el objetivo clave de la política, dependería de algunas cualidades personales, que podrían denominarse virtudes, de los gobernantes que, así, atraen el favor del pueblo. Sin embargo, desde el origen de la democracia en la polis de Atenas de la Antigüedad clásica, cabe advertir del peligro de aquellos que manipulan al pueblo por sus intereses espurios. Estos demagogos tienen renovada actualidad en forma de diversos populismos.
“Y concluye esta parte con un ejemplo natural, que nunca vi ni leí de un león ni de otros animales fieros haberse humillado a una persona por pasto que les diese, que pasto y aun hierba y heno son buenas palabras de ministros y aire que parece que refresca un poco al sediento, pero no le mata la sed, y por haberles quitado una gran espina, por haberles librado de un gran dolor o peligros he leído milagros de la naturaleza y muy naturales al natural de su nobleza, que por tales méritos señale con el premio” (Pérez, 2008, 53).
Se ha reflexionado sobre el valor de las buenas palabras y el alcance de las acciones en política. Este pasaje de Antonio Pérez permite reflexionar, por un lado, sobre el habitual enfoque de políticas cortoplacistas, fomentadas para conseguir impacto en los medios o buenas perspectivas en las encuestas electorales, y, por otro lado, políticas que aborden graves problemas del país, buscando soluciones que conciten un consenso, más allá de los ciclos electorales. La democracia se reforzaría si los políticos actuasen pensando más en el bien común, aunque eso pudiera perjudicar sus intereses partidistas.
Bibliografía
Pérez, Antonio (2008), “Las obras y relaciones de Antonio Pérez” en Santos Herrán, J.A., Santos López, M. (eds.), El arte de gobernar. Antología de textos filosófico-políticos siglos XVI-XVII, Barcelona: Anthropos, pp. 44-57.
Escudero López, José (n.d.), “Antonio Pérez”, Real Academia de Historia, disponible:
https://historia-hispanica.rah.es/biografias/35285-antonio-perez (última visita 30-5-26).








