Václav Havel, la responsabilidad como destino

Oscar Pérez de la Fuente

Universidad Carlos III de Madrid

https://orcid.org/0000-0002-3708-846X

Resumen

Václav Havel (1936–2011), dramaturgo y disidente checo, encarna la unión entre pensamiento moral y acción política frente al comunismo en Checoslovaquia. Tras apoyar la Primavera de Praga, sufrió censura y prisión, y se convirtió en símbolo de la lucha por las libertades. Con el debilitamiento del bloque soviético, participó en la creación del Foro Cívico y lideró la Revolución de Terciopelo (1989), que desmanteló pacíficamente la dictadura e inició la transición democrática, culminando con su elección como presidente. A partir de pasajes de La responsabilidad como destino (1991), el texto analiza el totalitarismo como un poder burocrático e ideológico que invade la vida privada, sustituye la verdad por ficción y produce miedo y autocensura. Havel propone una “política antipolítica”, entendida como servicio a la verdad y a los demás. En ese contexto, la disidencia se vuelve un imperativo ético: denunciar la opresión, aunque sea una tarea solitaria.

Palabras clave: totalitarismo, disidencia, libertad, responsabilidad

ISSN: 3127-3416

https://doi.org/10.67647/estrategiaminerva.2026.05

Václav Havel, un político e intelectual checo, fue el último presidente de la República Checoslovaca y el primero de la República Checa. Nació en Praga en 1936 y falleció allí mismo en 2011. Asistió a la Academia de Artes de Praga para estudiar Teatro y tuvo una destacada trayectoria como dramaturgo.

Su oposición al gobierno comunista de Checoslovaquia lo condujo a la acción después de haber sido un escritor. Como líder del Club de Escritores Independientes, respaldó la «Primavera de Praga» (1968), lo que dio como resultado su posterior censura para publicar sus libros. Se convirtió en un emblema de la lucha por las libertades y estuvo preso durante cinco años. En 1989, Havel tomó parte en la creación del Foro Cívico, que fue el espacio donde se agrupó la mayoría de la oposición, después de que las reformas de Gorbachov en la Unión Soviética debilitaran a la dictadura comunista en Checoslovaquia. Lideró la conocida como «Revolución de Terciopelo», que tuvo lugar en ese año y, con el respaldo de una movilización popular masiva, logró desmantelar la dictadura sin derramamiento de sangre e implantar un sistema democrático en Checoslovaquia. Havel fue elegido presidente.

A continuación, se comentarán pasajes de la obra La responsabilidad como destino (1991) de Václav Havel, donde se recogen diversas cartas de su etapa como disidente, al estilo de Estrategia Minerva. 

“Es un gobierno totalitario de un poder impersonal, burocrático, anónimamente tumefacto, aún no inconsciente, mas ya operando fuera de toda conciencia; un poder basado en la omnipresencia de la ficción ideológica, que es capaz de motivar todo sin tener que recurrir por lo menos una vez a la verdad; el poder como universo de control, de represión y de miedo; el poder que estatiza y, por lo tanto, inmuniza el pensar, la moral y la vida privada. El poder que hace mucho tiempo ha dejado de representar la causa de un grupo de gobernantes arbitrarios ocupando y absorbiendo a todos, para que al final todos participen en él de alguna manera, aunque eso fuese solo por su silencio; el poder que en realidad no pertenece a nadie, puesto que solo él se ha adueñado de todos” (Havel, 1991, 75-76).

Estas palabras de Havel reflejan bien puntos clave del totalitarismo y su uso del poder en la vida de los seres humanos. Como las palabras y los discursos dejan de tener alguna conexión con la realidad concreta de los individuos, que están sometidos a diversas formas de control sobre sus acciones públicas y privadas e, incluso, sus ideas. Bajo una máscara burocrática e impersonal, fundamentada en una ficción ideológica, se cercena la libertad de los individuos. 

“Soy partidario de “una política antipolítica”. Es decir, de una política que no equivalga a una tecnología del poder y una manipulación con él como una forma de dirección cibernética de los hombres o como un arte de finalidades concretas, prácticas o intrigas, sino de la política como una de las formas de buscar y conquistar el sentido de la vida; cómo protegerlo y cómo servirle; una política como moralidad practicada, como un servicio a la verdad; como preocupaciones por nuestros prójimos, preocupaciones auténticamente humanas, que se rigen por medidas humanas. Es una forma un poco, muy poco práctica en el mundo de hoy y difícilmente aplicable a la vida cotidiana. No obstante, yo no conozco otra alternativa mejor” (Havel, 1991, 85-86).

Este texto está escrito en 1984; aún no había caído el Muro de Berlín. De este acontecimiento histórico se pueden extraer varias lecturas.  Algunos podrían ver un antecedente del experimento de la antipolítica en Italia con el movimiento 5 Estrellas o un precedente para algunas posiciones populistas, tan en boga hoy en día. Sería bueno contextualizar estas palabras de Havel, como que la búsqueda de alternativas al andamiaje conceptual soviético debe tener ineludiblemente dimensiones humanas, vinculadas con una moralidad practicada y una noción de verdad. Aunque este enfoque parece que dista de la política del día a día y suena algo utópico, como Havel, “no conozco otra alternativa mejor”.

“No me atrevo a comentar las relaciones de todo el bloque soviético. Mas creo que puedo señalar sobre el ciudadano checoslovaco, por lo menos, que su mundo se caracteriza por la permanente tensión entre la omnipotencia “de ellos” y la impotencia de él.

Puesto que este ciudadano sabe que “ellos” lo pueden todo: confiscarle el pasaporte, despedirle del trabajo, ordenarle mudarse de un lugar a otro, encargarle la recolección de firmas contra los Pershing, no permitirle estudiar, privarle de su carnet de conducir, interceptar su teléfono y leer su correspondencia, construir bajo sus ventanas una fábrica que produce principalmente dióxido de azufre, ensuciarle increíblemente la leche con sustancias químicas, detenerle solo por estar en un concierto de rock, encarecer arbitrariamente y en cualquier momento cualquier cosa, rechazar sin explicación cualquier petición humilde suya, ordenarle qué debe leer en primer lugar, por qué se tiene que manifestar, qué tiene que firmar, cuántos metros cuadrados puede tener su piso, con quién puede estar en contacto y con quién no” (Havel 1991, 105). 

En este párrafo, Havel condensa cómo puede manifestarse el poder totalitario en la vida de los seres humanos, que por definición es un poder sin límites. Está de actualidad saber distinguir entre Estado de Derecho, Estado autoritario y Estado totalitario. Para algunos, en determinados contextos, se produce una deriva autoritaria que pone en peligro los avances del Estado de Derecho. Sin embargo, el totalitarismo va más allá: niega derechos, p. ej., civiles y políticos, persigue a los disidentes y censura las voces críticas. 

“Sabemos que el disidente es un poco quijote por la misma esencia de su causa: escribe sus análisis críticos y demanda las libertades y los derechos solo, y solo -con su pluma en la mano solamente-, cara al poder gigante del Estado y de su policía, escribe, clama, grita, pide, invoca la ley; y sabe que tarde o temprano será encarcelado todo ello” (Havel, 1991, 130).

Esa es la responsabilidad como destino para Havel: si se vive bajo un régimen totalitario, surge lo que Muguerza denominó el imperativo de la disidencia.  Lo cual implica denunciar y luchar, en la medida de las posibilidades de cada cual, contra una situación de opresión, de injusticia y de violación de los derechos humanos. Si esta tarea es, a veces, solitaria y poco reconocida, no debe hacer perder de vista que los cambios históricos precisan de arriesgados precursores.

Bibliografía

Havel, Václav (1991), La responsabilidad como destino, Madrid: El País/Aguilar, trad. Jana Novotná.

Fernández, Tomás, Tamaro, Elena (2004), «Biografía de Václav Havel», Editorial Biografías y Vidas, disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/havel.htm [consulta: 1 de mayo 2026].

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